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7 de Diciembre

Viendo la fe de ellos, dijo: “Hombre, tus pecados quedan perdonados (Lc 5, 20)

 

En este día Jesús se encuentra en una casa enseñando a muchas personas. Entre ellos se encontraban fariseos y escribas procedentes de diferentes pueblos de Galilea y Judea. De repente, llegan con un paralítico en una camilla para que Jesús lo sanara, pero al ver que no podían ingresar por el gentío deciden bajarlo por el techo de la casa. Jesús, al ver la fe y la intrepidez de quienes cargaban al paralítico, perdona sus pecados. Los fariseos y los escribas empezaron a criticar las palabras de Jesús y a pensar que solo Dios es quien tiene la potestad para perdonar. Jesús al percibir su descontento, los interpela y reafirma su facultad para perdonar los pecados invitando al paralítico a levantarse, tomar su camilla y marcharse para su casa. Con esta acción Jesús quiere resaltar el poder que la fe no solo para curar y restaurar la vida de las personas, sino también para recibir el perdón de Dios. La fe nos hace conscientes de nuestras fragilidades y nos mueve a estar en paz con Dios. Así mismo a conducir a otros a esta experiencia liberadora. Pidamos al Señor que durante este tiempo de Adviento que vivimos podamos abrir nuestra vida al perdón reconciliándonos no solo con Dios sino también con aquellos que tenemos diferencias.

 

Reflexionemos:

¿Qué enseñanza nos deja la fe de los amigos del paralítico?, ¿cómo podemos abrir nuestra vida a la experiencia del perdón durante este tiempo de Adviento?

 

Oremos:

Danos, Señor, una fe intrépida y audaz como la de los amigos del paralítico. Una fe capaz de superar toda barrera para ir a tu encuentro, buscar tu perdón y la sanación de aquellos que están enfermos y necesitan de tu misericordia. Amén.

 

Recordemos:

Nosotros podemos conducir a los otros a una experiencia del perdón.

 

Actuemos:

Presentemos al Señor en este día la vida de alguna persona que conozcamos y necesita ser sanada o perdonada.

 

Profundicemos:

El perdón es una experiencia liberadora que une nuestra vida más a Dios, nos lleva a reconocer nuestras fragilidades y a sacar lo mejor de nosotros mismos (Libro: El perdón sana y libera ).

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