5 de noviembre

“Ellos dicen, pero no hacen”

(Mt 23, 1-2)

 

En el evangelio de hoy Jesús nos hace una gran invitación, nos invita a vivir la coherencia de vida, nos coloca como ejemplo a los escribas y fariseos quienes colocan cargas pesadas a la gente y ellos no son capaces de mover ni un dedo. En nuestra vida es muy fácil decir y no hacer, el querer aparentar, llamar la atención, ser reconocidos, enaltecernos a nosotros mismos y frente a estas actitudes estamos lejos de vivir el evangelio. Jesús en Mateo también nos dice que no nos dejemos llamar maestro, que un solo es nuestro maestro y ese es el Señor. Frente a realidad estamos invitados a vivir en coherencia, a decir y hacer, a que nuestra vida sea realmente testimonio del amor de Dios.

 

Reflexionemos: En muchas ocasiones de nuestra vida nos dejamos llevar por las apariencias, querer aparentar más de lo que somos, hoy preguntémonos ¿Qué tan coherente soy en mi vida? Que nuestros hechos sean el reflejo de nuestras palabras.

 

Oremos: Señor dame la gracia de llevar una vida coherente y reconocerte como mi único y verdadero maestro. Que mis acciones hablen más que mis palabras; y en lugar de querer ser reconocido por mis méritos, sea generoso y disponible para ayudar a los demás. Amén.

 

Actuemos: Hoy la Palabra nos invita a ser coherentes con nuestros actos, cultivar la humildad y ser seres humanos auténticos.

 

Recordemos: “Ellos dicen, pero no hacen”. 

 

Profundicemos: “Este es el propósito de la esperanza: ir a Jesús”. Papa Francisco

 

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