3 de diciembre

“Velen, pues no saben cuándo vendrá el Señor de la casa”

(Mc 13, 33-37)

Con gozo iniciamos el tiempo de adviento y hoy celebramos el primer domingo, litúrgicamente nos acompaña el color morado y la Palabra nos invita a cultivar la actitud de la vigilancia. La lectura del Evangelio según San Marcos es sencilla y corta, caracterizada por una exhortación: “Estén atentos, vigilen”, y por una comparación, para despertar en el oyente el interés por la vigilancia: “Es igual que un hombre que se fue de viaje”. La vigilancia colocada al inicio de este ritmo litúrgico, sabiendo lo que significa este tiempo para nosotros, aparentemente el más intenso, el más festivo y el más veloz de todo el año, invita a un profundo discernimiento entre lo esencial y lo accesorio. Vigilar para favorecer un auténtico encuentro de familia y no un simple encuentro de tradición, vigilar para que la vivencia de la oración acreciente en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, y no pequemos por favorecer muchos rezos que no tienen profundidad y se ahogan en el ruido de la tradición. La comparación del hombre que se va de viaje y deja su casa al cuidado de los criados, quienes deben mantenerse en una actitud vigilante en todo tiempo, “pues no saben cuándo vendrá el señor de la casa”, según la comparación, “si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer”, indica tal vez nuestra vida. El amanecer puede ser el inicio de la vida y el atardecer el ocaso de ella, sin embargo, la vigilancia es una actitud cristiana, propia de todas las etapas porque la venida del Señor es una manifestación para todas las personas y los pueblos en todos los momentos de la vida.

 

Reflexionemos: ¿Qué experiencias de la dinámica humana me llevan a cultivar una actitud vigilante y de cuidado?

 

Oremos: Padre bueno y Dios de la vida, que la gracia de tu Espíritu mantenga encendida en mí la luz de la vigilancia, que me ayude a permanecer siempre en disposición interior del encuentro con Jesús. Amén. 

 

Actuemos: Encendemos la primera vela de adviento en familia para comenzar la preparación, no solo material sino interior, del nacimiento de Jesús en mi vida, en mi familia, entre nosotros.

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