28 de abril

“El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante” 

(Jn 15, 1-8)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

La gracia del tiempo pascual nos ha conducido hasta el quinto domingo de pascua, camino que hemos recorrido junto con los apóstoles incrédulos y temerosos, pero a la vez valientes y en proceso de madurez cristiana, su fe probada es ahora testimonio vivo del Resucitado. En este ambiente el evangelista San Juan, sale a nuestro encuentro para continuar atrayendo al oyente hacia la experiencia de adhesión con su Maestro a través de otra imagen muy propia del ambiente agrícola, la vid y los sarmientos. Durante este tiempo para quienes hemos seguido la lectura joánica del tiempo pascual hemos escuchado las auto revelaciones de Jesús, por tanto, nos son familiares y hoy contemplamos el “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”.

La imagen de la vid y los sarmientos unida a la expresión “Yo soy” que como sabemos indica la auto revelación de la persona de Jesús, tiene unas implicaciones de adhesión muy profundas y vitales, porque en nuestro contexto toda rama que no esté unida a la sabia del tronco no subsiste. Sin embargo, esta adhesión tiene un fin, dar fruto y un precio, la poda y sólo en este equilibrio dinámico la permanencia es fecunda: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”.

El ejercicio del viñador, en nuestro caso las manos del campesino, son sabias porque reconoce las ramas que quitan la vitalidad a los sarmientos que después darán la mejor vid, el mejor fruto, sano y vigoroso. Sólo la íntima armonía entre el tronco y las ramas y la gracia del viñador, así como las condiciones de ambiente en torno al calor aseguran la mejor vid, por tanto, en la vida cristiana es preciso una poda fecunda que no le quite sabia al fruto pero que la mantenga adherida a la vitalidad del tronco y la raíz, misterio que en Jesús se da en el Padre y en su permanencia en El a través de la oración, la relación con la Palabra, el silencio, la contemplación.

 

Reflexionemos: Es preciso preguntarnos, en los estados de vida específicos que hemos sido llamados a vivir ¿a qué vid estamos unidos o adheridos?

 

Oremos: Jesús Maestro Camino, Verdad y Vida, en la gracia de tu amor, soy el sarmiento al que le has dado vida. Concédeme el don de permanecer unido a ti en todo momento, que no tema la poda aguardando con esperanza el fruto que me has llamado a ser.

 

Actuemos: En el ambiente donde vivo, en mi proyecto de vida personal ¿cuáles son las podas que es preciso realizar ya para continuar manteniendo la vitalidad del fruto?

 

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