26 de Diciembre

SAN ESTEBAN, PROTOMÁRTIR
Hch 6, 8-10; 7, 54-60 / Sal 30, 3-4. 6. 8ab. 16bc-17 / Mt 10, 17-22. Propio de la Fiesta. Rojo.

“No serán ustedes los que hablen,
sino el Espíritu de su Padre»

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Tengan cuidado con los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas de ellos. Por mi causa serán llevados ante gobernantes y reyes, para que den testimonio a ellos y a los gentiles. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo o qué decir, pues en ese momento se les concederá lo que tienen que decir. Porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hable por ustedes. El hermano entregará al hermano a la muerte y el padre al hijo; los hijos se levantarán contra sus progenitores y les darán muerte. A causa de mi nombre todos los odiarán, pero el que persevere hasta el final se salvará”.

La Iglesia nos invita a no olvidarnos tan rápidamente del misterio de la Encarnación, la fiesta de la Navidad. Con la Pascua de Resurrección, la Navidad es la única fiesta en la Iglesia católica que litúrgicamente tiene una “octava”. Los ocho días posteriores al nacimiento de Jesús son como un domingo que se prolonga durante ocho días. Como esas celebraciones inmensas que los pueblos no pueden agotar en un día y prolongan durante varias celebraciones, para poder darse el tiempo necesario y asimilar lo festejado: que Dios está con nosotros. Sin embargo, este festejo se inicia con la celebración del primer mártir de la fe cristiana: san Esteban. Con esto se nos sugiere algo importante de la fe cristiana: su mensaje puede provocar la persecución; su mensaje y la forma de vida que instaura en el que la asume puede acarrear el martirio. Navidad no es una fiesta pasajera, superficial. Porque Jesús ha venido a traer la paz, ciertamente. Pero no cualquier paz, sino aquella que se logra dando puesto a la verdad.

¿Qué compromisos despiertan en nosotros el martirio de san Esteban en plena celebración de la Navidad?