25 de abril

 

“Él Llama a sus ovejas por su nombre (…) y las ovejas lo siguen porque conocen su voz” (Jn 10, 3-4)

 

Llegamos con gran alegría al Cuarto Domingo de Pascua agradeciendo al Señor por todo aquello que en este tiempo pascual renueva en nosotros. Hoy el evangelio nos lleva a profundizar mucho más nuestro encuentro con Cristo Resucitado, a través de la figura de Jesús Buen Pastor. Una imagen que nos ayuda a reconocer la cercanía de Dios en nuestra vida, como un padre y un pastor amoroso, que nos llama por nombre propio, cuida de nosotros, nos guía y  nos muestra con sus enseñanzas el camino de la salvación. Así mismo, su testimonio nos invita a cuidar con amor y responsabilidad a todos aquellos nos han sido confiados: familiares, conocidos, vecinos, personas que dependan de una u otra manera de nosotros. Pidamos a Jesús Buen Pastor que en esta  cuarta semana  de Pascua salga a nuestro encuentro y nos ayude a continuar viviendo este tiempo de crisis y enfermedad, con espíritu renovado, asumiendo cada experiencia, como una valiosa oportunidad, para renovar nuestra vida y dejarnos conducir por su voz.

 

Reflexionemos:

¿Cómo experimentamos la cercanía de Dios en nuestra vida?, ¿lo reconocemos como un pastor amoroso que nos guía y sale a nuestro encuentro cuando más lo necesitamos?

 

Oremos:

Gracias, Señor, por ser un padre y un pastor cercano que cuida nuestra vida, nos guía y fortalece con su Palabra. Ayúdanos a proteger como tú, a todos aquellos que nos han sido confiados y dependen de nuestros cuidados. Amén.

 

Recordemos:

Cristo Resucitado es el pastor bueno que nos guía al encuentro con el Padre y con nuestros hermanos.

 

Actuemos:

Agradezcamos al Señor en la oración de este día, por los momentos en que sale a nuestro encuentro, a través de las personas que pone a nuestro lado para guiarnos y ayudarnos a superar las dificultades.

 

Profundicemos:

Dios sale a nuestro encuentro en muchas circunstancias de nuestra vida para acompañarnos y fortalecernos. Reconocerlo nos ayudará a experimentarlo como un  Dios cercano a nuestra existencia (Libro: Desde el manantial).

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