24 de abril

“Yo he venido al mundo como luz” 

(Jn 12, 44-50)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

La Palabra de este día coloca en evidencia otra experiencia de las autorevelaciones propias de Jesús en el Evangelio de Juan: la luz. El caminar que venimos haciendo en este tiempo pascual nos ha colocado en sintonía de diversas actitudes y dinámicas propias de la experiencia pascual, en las cuales hoy el evangelista vuelve a traerlas a nuestra memoria.

Desde la enseñanza que viene desarrollando Jesús en el capítulo 12, él afirma: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado”. La experiencia del creer en la cual el evangelista ha insistido en diversas formas es una condición, que como hemos considerado, lleva a una experiencia más profunda: la fe.

La fe es una de las virtudes teologales que conforma nuestro ser con la objetividad de las verdades fundamentales y en ellas creemos, y al creer actuamos consecuentemente según creemos. El ver tiene una implicación más abierta con los sentidos, porque relaciona inmediatamente la vista; a Jesús lo han visto, de él han visto sus obras, por tanto, el ver tiene una experiencia corporal pero también conduce a la persona a una condición profunda, no solo se trata de ver con los ojos del corazón, sino con los ojos del alma… y de nada sirve ver con los ojos cuando la mirada no conduce a la profundidad del corazón y del ser.

En la realidad de estas dos condiciones Jesús se coloca como contraste de la luz: “Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas”. El contraste de la luz es la oscuridad, de hecho, ante las tinieblas del sepulcro irrumpe la luz del alba, ante la duda y el temor de los discípulos irrumpe el saludo de la paz.

En esta realidad objetiva se conjuga la experiencia de la dinámica del ser humano, entre el oír las palabras y cumplirlas, entre el ver y el creer, porque quien no hace el camino junto a Jesús, se distancia de la luz y se encuentra con la penumbra de la oscuridad.

 

Reflexionemos: En la dinámica personal, familiar, laboral, ¿cómo se dan estos contrastes entre la luz y las tinieblas? y ¿cómo los afrontó en mi vida cotidiana? ¿Admito en medio de las realidades más adversas la luz que emana de la Palabra, como experiencia de claridad que guía y orienta mi vida?

 

Oremos: Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida, doy gracias por las luces que has colocado en mi mente, en mi voluntad, en mi corazón, con la gracia de tu Espíritu y han conducido mi vida hacia la verdad, la felicidad, el bien, la esperanza. Amén.

 

Actuemos: ¿La experiencia de Jesús como luz verdadera, ilumina las realidades más concretas de mi vida y mi existencia? y ¿en medio de ellas creo que Jesús es luz?

 

📑 Recomendado: Misal Popular Mayo – Junio 2024

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

¿Requiere asesoria? Activar chat