22 de enero

“Síganme, y los haré pescadores de hombres”

(Mt 4, 19)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Llegamos hoy al tercer domingo del tiempo ordinario y el evangelio nos lleva  a orillas del lago de Galilea, para ser testigos del encuentro de Jesús con sus primeros discípulos. Llamado que acontece en un territorio fuertemente estigmatizado desde la antigüedad por la presencia de los gentiles, pero que ahora con la predicación de Jesús y sus nuevos seguidores, pasa a ser testigo de una gran luz para la humanidad: “Vuelvan a Dios, porque ya llega su reinado”. Pidamos al Señor, que al iniciar esta nueva semana también nosotros podamos reconocer la gran luz que sus enseñanzas despiertan en nuestra vida y que en lugar de cerrarnos en nuestros temores o seguridades, podamos como Pedro, Andrés, Santiago y Juan, dejar nuestras redes para ser pescadores de hombres.

 

Reflexionemos: ¿Qué seguridades materiales o humanas nos impiden seguir hoy a Jesús?, ¿qué oscuridades necesitamos que el Señor ilumine en nosotros?

 

Oremos: Gracias, Señor, por llamarnos a ser parte de tu Reino. Danos la capacidad de dejar atrás todo aquello que nos impide acogerte como el único Señor de nuestra vida y nuestra historia. Amén. 

 

Recordemos: Seguir a Jesús es tener la disponibilidad de dejar atrás nuestras seguridades materiales para poner toda nuestra confianza en Dios.

 

Actuemos: Dejemos resonar en este día en nuestra mente y en nuestro corazón la invitación que Jesús hace a sus discípulos para dejar nuestras redes y seguirlo. Pensemos cómo queremos y podemos responderle.

 

Profundicemos: Ser pescadores de hombres es ante todo, tener el amor como el motor principal de nuestra existencia  (Libro: El amor es la única revolución).

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