18 de Julio

San Arnulfo, obispo
Ex 3, 13-20 / Sal 104, 1. 5. 8-9. 24-27/ Mt 11, 28-30. Feria. Verde.

“Soy manso y humilde de corazón”

En aquel tiempo, exclamó Jesús: “¡Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los haré descansar! ¡Carguen mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy humilde y sencillo de corazón, y encontrarán descanso para su vida! Porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera”.

¿Cuál es ese yugo que dobla la espina dorsal de toda persona? ¿Cuál es ese yunque que abaja a un ser humano, lo somete, lo esclaviza y lo atormenta quitándole la paz? Saber que Dios está actuando con nosotros, trabajando con cada uno (cf. Jn 5, 17) es una pista fecunda para responder a esta pregunta. Porque no es el ser humano, solo, el que tiene que labrarse un nombre ante Dios. La Biblia invita a una fe que consiste en aceptar que Dios está con cada ser humano, que su valía no depende de sus obras, sino de esa confianza profunda, que hace al creyente capaz de realizar obras mayores a sus propias fuerzas.

La mansedumbre y la humildad de corazón que vivió Jesús, ¿tienen un significado práctico en nuestra vida?