18 de enero

“Lo extendió y quedó restablecido”

(Mc 3, 5)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Muchas veces experimentamos en nuestra vida parálisis físicas o espirituales que no nos dejan ser personas libres y felices. Parálisis provenientes de la forma como hemos aprendido a vivir nuestra fe, casi siempre marcada por la costumbre, la rutina en el cumplimiento de ciertas prácticas religiosas, pero no tanto, por un encuentro vivo con el Señor en las necesidades de quienes nos rodean. Esa es la realidad que Jesús cuestiona a los fariseos en el evangelio de hoy cuando lo critican por curar el sábado: “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?”.  Pidamos al Señor en este día la gracia de vivir una fe centrada en su palabra, que tenga en el amor, la compasión, el servicio y la ternura sus mayores referentes.  

 

Reflexionemos: ¿Cómo vivimos nuestra fe?, ¿somos compasivos y solidarios con quienes nos rodean?

 

Oremos: Danos, la gracia, Señor, de vivir una fe centrada en tu Palabra, capaz de solidarizarse y abrirse cada vez más a las necesidades de quienes sufren y necesitan de nuestro apoyo. Amén. 

 

Recordemos: Nuestra fe cobra verdadero sentido cuando nos mueve a solidarizarnos con los demás.

 

Actuemos: Solidaricémonos en este día, con alguna persona que pase por alguna necesidad física, material o espiritual.

 

Profundicemos: La solidaridad nace en el corazón de una persona que ama y es capaz de salir de sí misma para darse a los demás (Libro: Un corazón libre para amar).

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