14 de Julio

“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”

(Mt 11, 29)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Hoy el evangelio nos lleva a experimentar el gran amor que Dios tiene por cada uno de nosotros. Un amor que tiene su raíz en su misericordia y que nos permite reconocer que solo en Él, encontramos las fuerzas necesarias para enfrentar con fe y esperanza las dificultades de la vida: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”. Jesús nos invita también a ser personas dóciles y humildes como Él,  que sepan reconocer la importancia de sus enseñanzas y llevarlas a nuestra vida, pese a las exigencias que estas conllevan. Un yugo que en lugar de oprimirnos, nos libera y nos ayuda a encontrarle sentido a las diferentes realidades que vivimos, por más difíciles que sean. Entreguemos al Señor en este día todos nuestros cansancios, sufrimientos y los deseos que tenemos de superarlos de su mano.

 

Reflexionemos: ¿Somos personas dóciles y humildes?, ¿confiamos a Jesús nuestros dolores y sufrimientos?

 

Oremos: Danos, la gracia, Señor, de aprender a ser personas dóciles y humildes como tú, capaces de afrontar con fe y esperanza los desafíos que la vida a diario nos presenta. Amén. 

 

Recordemos: En Jesús siempre podemos encontrar la paz necesaria para afrontar con fe nuestros sufrimientos.

 

Actuemos: Confiemos a Jesús en la oración de esta jornada, las realidades que nos afligen y roban la paz de nuestro corazón.

 

Profundicemos: La oración es el mejor medio que tenemos para colocar en manos de Dios todos nuestros dolores y sufrimientos, hallar consuelo y descanso (Libro: Desde lo íntimo del corazón).

 

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