“Quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”
(Mc 10, 13-16)
Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida
Con profunda alegría y gratitud, al Dios de la vida que hace nuevas todas las cosas, iniciamos el tercer mes de este año jubilar 2025. La lectura continuada del evangelista Marcos en pocos versículos, narra la predilección de Dios por su creatura, manifestada en el rostro concreto de los niños. Que abuelo no es feliz con la ternura de los niños manifestada en sus nietos, los padres prolongan su vida y su existencia en el don de sus hijos y con ellos gozan, lloran y sufren; y cuando es preciso que los niños comiencen un camino de crecimiento más integral, que maestro no busca la mejor forma pedagógica de ser presencia significativa para los niños. En todas estas realidades de nuestro dinamismo humano se hacen visibles los mismos sentimientos de Jesús hacia ellos: “dejen que los niños se acerquen a mí”. Realidad que en nuestro tiempo es dura y difícil para los niños porque la guerra les ha arrebatado el calor de los brazos de sus padres, las situaciones forzosas de migraciones y desplazamientos los ha alejado del calor de hogar manifestado en padres y abuelos y los ha encerrado en muros y paredes frías de orfanatos y personas que cumplen una función de cuidado. San Marcos afirma que al acercarse Jesús: “tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos”. El don de la bendición acompaña nuestro ser de hijos, es el signo de la presencia y cercanía paternal y maternal, la certeza de ir con bien y estar acompañados, de ahí que el pueblo de Dios, en el camino hacia el desierto también recibiera el don de la bendición: “el Señor te bendiga y te guarde”. La invitación hoy es a volver sobre esta experiencia de la bendición como don de Dios en nuestra vida que acompaña y es presencia. No importan los tiempos con sus desarrollos tecnológicos, es importante nuestra condición humana y el misterio de ser hijos, creaturas amadas, gozosas de abrazos que bendicen la vida y la existencia.
Reflexionemos: Todos hemos vivido la etapa de la niñez, no importa los años que hoy tengamos, volvamos a ella con gratitud, trayendo a nuestra memoria sus gozos y alegrías para agradecer aquello que somos.
Oremos: Padre bueno, me siento partícipe del don creador a través de la vida que me ha sido dada junto a mis padres. Hoy quiero dar gracias por las bendiciones que en mi niñez recibí, y hoy son manifestación del reino de Dios entre nosotros. Amén.
Actuemos: Afrontamos hoy el problema del abuso de los menores en la sociedad, en la Iglesia, en la familia. Abuso manifestado de múltiples formas; actuemos ante este peligro sensatamente.
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