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 Gratitud, memoria del Corazón

Dice el Papa Francisco, aquel que siguió la estrella no estaba estancado ni sentado a la orilla del camino, al contrario, se encontraba en camino, tal vez, entre los afanes y fatigas propias de cada día, lo cierto es que estaba en camino.

A este punto del año litúrgico, nos ayudará hacer un alto en el camino, para contemplar con gratitud de dónde venimos, en dónde estamos y cómo deseamos continuar el viaje hacia el encuentro con el Señor. Por tanto, es momento de elevar nuestra mirada hacia el cielo, recordar aquella estrella que guió el camino de quienes anhelaban encontrar al Señor Jesús, aquellos que conservaban esta promesa de Dios en su corazón.

El anciano Simeón también aguardó con fe el momento en que su existencia, ya cansada por el peso de los años, pero llena de esperanza, se encontraría con el Dios de su vida, Señor de la historia, Dios del amor, Dios de la promesa, Testigo de los más profundos anhelos de su corazón: “Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz” (cf. Lc 2, 29-32). Simeón no se limitó a esperar pasivamente que ese momento anhelado llegara, sino que se aventuró a vivir cada día plenamente en la misión que le había sido confiada.

Nosotros también, no vamos con las manos vacías a este gran encuentro. Llevamos alegrías y tristezas, luchas y fracasos, esperanzas y sueños. Esta actitud contemplativa nos permite una actitud de gratitud que es memoria, recordar es evocar en el hoy de nuestra vida todo cuanto Dios ha obrado a lo largo del tiempo, de la historia, de este año litúrgico que hemos concluido. Y hacer memoria es volver a pasar por el corazón cada uno de esos momentos que el Señor nos ha concedido, buenos y no tan buenos.

El pueblo de Israel, constantemente recuerda cómo Dios ha obrado en su historia, de principio a fin. En sus salmos se evoca la vida que se ha tejido, entre la alegría y el dolor, pero reconoce que siempre, pese a su infidelidad, es Dios quien siempre es fiel. Su amor es eterno, dura por siempre. Dios nos acompaña en cada paso, está presente, siempre. Las maravillas de su creación hablan de su amor. Como Padre nos toma entres sus brazos, es providente en la necesidad, es auxilio ante el peligro, es sustento cuando nos faltan las fuerzas, es misterio de la vida, fuerza del amor. Cuando estamos lejos, no nos abandona, nos acompaña, es consuelo y fidelidad.

Dios es el Emanuel, Dios con nosotros. Ahora, es momento de preguntarnos, ¿estamos nosotros con Dios? En los momentos de dificultad es más común acudir a Dios, poco en los momentos de plenitud y felicidad. Es necesario vivir en una actitud más agradecida con Dios, con el otro, con nosotros mismos.

Decir Gracias es mirar nuestro pasado con amor, contemplar la presencia amorosa de Dios en cada momento transcurrido. La gratitud abre un horizonte de gratuidad, porque incluso en esos momentos duros de la vida, podremos decir, “gracias, Señor, estás conmigo”. Dios no evita el acontecer de cada día, pero sí nos acompaña, su presencia, así como su amor, son eternos. El Papa Francisco nos invita, a descubrir con GRATITUD la llamada de Dios en nuestra vida. No se trata de estancarse o escapar de las realidades que salen a nuestro paso, es tener la valentía de afrontarlas con amor, fe y esperanza.

¡Señor Jesús!

 Mi fuerza y mi fracaso eres Tú.

Mi herencia y mi pobreza.

Tú, mi justicia, Jesús.

Mi guerra y mi paz. ¡Mi libre libertad!

Mi muerte y vida, ¡Tú!

 

Palabra de mis gritos, silencio de mi espera,

testigo de mis sueños. ¡Cruz de mi cruz!

Causa de mi amargura, perdón de mi egoísmo,

crimen de mi proceso, juez de mi pobre llanto,

razón de mi esperanza, ¡Tú!

 

Mi Tierra Prometida eres Tú...

La Pascua de mi pascua.

¡Nuestra gloria por siempre Señor Jesús!

 

- Pedro Casaldáliga

Vendrá tú Señor”, es la promesa que nos anima en este tiempo del Adviento. Este es el fundamento de nuestra esperanza, lo que nos sostiene incluso en los momentos más difíciles y dolorosos de nuestra vida: No lo olvidemos nunca. Siempre el Señor viene, nos visita, se hace cercano. ¿Cómo viene el Señor?

Tantas veces hemos escuchado que el Señor está presente en nuestro camino, que nos acompaña y nos habla, tal vez distraídos como estamos por tantas cosas, esta verdad nos queda solo en teoría; o nos imaginamos que el Señor viene de una manera llamativa, tal vez a través de algún signo prodigioso.

Dios se esconde en las situaciones más comunes y corrientes de nuestra vida. No viene en acontecimientos extraordinarios, sino en cosas cotidianas. Y ahí, en nuestro trabajo diario, en encuentro fortuito, en el rostro de una persona necesitada, incluso cuando afrontamos días que parecen grises y monótonos, justo ahí está el Señor, llamándonos, hablándonos e inspirando nuestras acciones.

¿Cómo reconocemos y acogemos al Señor? Contemplando con memoria agradecida la presencia del Dios con nosotros. Que siempre ha estado y viene.

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