“Cuando les sea arrebatado el esposo, entonces ayunarán
(Mt 9, 14-15)
La Palabra en nuestra vida
El ayuno es una de las prácticas cuaresmales que le dan vida a este tiempo de penitencia caracterizado por la invitación a ser peregrinos de esperanza, conforme a la celebración del año jubilar que estamos viviendo. De allí, la novedad que nos es dada para vivir con ritmo nuevo los acontecimientos que año tras año renovamos, pero que jamás serán los mismos porque nuestra vida, nuestra historia personal, los dinamismos de nuestra vida humana experimentan acontecimientos diversos. Los discípulos de Juan conocen y saben la práctica de la ley, sin embargo, desconocen la espiritualidad del auténtico ayuno, por eso, la diferencia cuando Jesús les responde: “¿pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? No se trata simplemente de ayunar y de ver en la práctica talvez vacía una gran diferencia entre los discípulos de Juan y de Jesús. Se trata del espíritu que se vive y, es precisamente esta actitud la que Jesús llama a cultivar. En la mentalidad de nuestro tiempo este mismo espíritu farisaico se ha incorporado en nuestras prácticas bajo otras concepciones que nos han hecho perder el espíritu de un ayuno que vuelve su mirada sobre el otro, porque se ha centrado en la persona y su mundo de realidades hedonistas que incluso lo han vuelto insensible al ayuno de millones de personas que han tenido que incorporar esta práctica por necesidad ante los desplazamientos forzosos, las migraciones multitudinarias, la escasez de pan no posible de saciar cuando las condiciones económicas no son las mismas de otras épocas. La respuesta de Jesús parece contradictoria, pero en el ambiente del lugar en que los discípulos disfrutan de la presencia de Jesús es justa, porque precisamente vivirán el drama de la muerte en la cruz que alejará toda práctica vacía y ruidosa que busca el cumplimiento de la ley más no su espíritu.
Reflexionemos: En nuestra práctica de vida cristiana el ayuno es una de las invitaciones concretas a vivir este tiempo de cuaresma, me preguntó, nos preguntamos con que espíritu queremos vivir este espíritu que nos coloca en camino junto al Maestro ¿por cumplir una ley o norma? o ¿verdaderamente deseo y quiero vivir una espiritualidad que me lleve al encuentro de Jesús en el rostro concreto de los demás?
Oremos: Padre bueno, concédeme la gracia de vivir la espiritualidad de la Cuaresma a través de la práctica del ayuno solidarizándome con las necesidades concretas de las personas que están a mi lado y pasan necesidad. Amén.
Actuemos: ¿Es el ayuno una práctica del estilo de vida cristiana o una necesidad del mundo impuesta por la sociedad líquida y la cultura light?
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