3 de marzo del 2025

“Vende lo que tienes y sígueme”

(Mc 10, 17-27)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

El evangelista Marcos hoy sale al encuentro de nuestra vida y oración suplicante haciendo evidente la realidad del seguimiento de Jesús y las condiciones de su exigencia. En primer lugar, es preciso detenerse sobre la persona que se acerca a Jesús y le pregunta: “Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Las narraciones de los evangelistas sinópticos no dan nombre ni afirman quien era esta persona, por tanto, el autor sagrado deja el espacio abierto para encontrarnos en el misterio de la Palabra todos, sin excepción, porque podemos pensar que el texto va dirigido para unos cuantos, por la forma como se desarrolla el diálogo. Al contestarle Jesús la pregunta, después de aclarar que el único bueno es Dios, coloca en evidencia el cumplimiento de los mandamientos de la Ley porque el público que lo escucha es judío, es decir, conoce, interpreta y práctica la ley y quien le pregunta también vivía esta experiencia como su pueblo, sin embargo, no se trata sólo del cumplimiento de la ley: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud”, es preciso ir más allá, vivirla. Enseguida el texto pone un segundo momento significativo, antes de hablar Jesús expresa unos gestos que son totalmente afectivos para indicarnos la condición humana que va más allá de las palabras: “se quedó mirándolo, lo amó y le dijo”. Para decir con la palabra es preciso expresar con el corazón y solo en ella es posible comprender; porque el ejemplo de vida, la autoridad de lo que se dice es tan profunda que ella mismo habla. Entonces se pasa a un tercer movimiento, Jesús le dice: “una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo y luego ven y sígueme”.  La vivencia de la vida cristiana, del seguimiento de Jesús, es radical; las palabras de Jesús animan a quien le ha salido al camino porque le dice: “una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme”. Es decir, el cumplimiento de la Ley hace parte del camino, del deseo por la vida eterna pero el salir de nosotros mismos con todo lo que somos y tenemos es don, lo es todo.

 

Reflexionemos: La dinámica del diálogo de Jesús con quien se le acercó en el camino, quien iba dispuesto, deseoso y anhelante tiene dos caras de una única moneda, el seguimiento de Jesús. Una actitud, el cumplimiento de la ley, “todo eso lo he cumplido” y la invitación de Jesús: “una cosa te falta”. ¿En cuál de ellas me encuentro en el aquí y ahora de mi vida y mi existencia?

 

Oremos: Padre bueno, como el hombre del Evangelio, también yo deseo y anhelo heredar la vida eterna. Concédeme la gracia de salir de mí, para ir al encuentro de quienes me rodean. Amén.

 

Actuemos: ¿Qué puedo hacer en mi vida para vivir la invitación de Jesús: “una cosa te falta”?

 

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