21 de febrero del 2025

“El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”

(Mc 8, 34 – 9, 1)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Al escuchar este Evangelio nos da la impresión que el lenguaje de Jesús es duro y difícil de aceptar; pero dejándonos conducir por el Espíritu Santo, descubrimos que en esta palabra está el verdadero secreto de nuestra felicidad. Jesús nos está invitando a tomar nuestra cruz de cada día y seguirle. Pero justo con estas palabras, nos está dando el secreto para ser felices, pues en la vida las dificultades y los sufrimientos son parte de nuestro crecimiento y maduración.

Si aprendemos a vivir las dificultades de cada día en pos de Jesús, es decir, unidos a Él, sentiremos que cualquier peso es suave y las cargas las sentiremos más ligeras porque Él mismo las lleva con nosotros y nos comunica su misma fuerza.

No es una ilusión, ya que fue la experiencia de María, José y de todos los santos, que aprendieron un modo nuevo de pensar y de contemplar la vida, no según el mundo, sino según Dios.   

Y la realidad más clara de todas es precisamente esta: si queremos salvar nuestra vida con nuestros propios esfuerzos, la vamos a perder. Jesús, después de haber entregado su vida, resucitó glorioso y luego nos envió su Santo Espíritu y entró a vivir en nuestro corazón para que pudiéramos vivir como Él, tener paz en esta tierra y ser felices para siempre en la otra vida. Esta es la realidad más bella de la existencia humana. ¡Creámosla con todo nuestro corazón!

 

Reflexionemos: ¿Estoy dispuesto a llevar mi propia cruz, con todo lo que ella implica, para seguir a Jesús? ¿He descubierto en mi vida el poder de Jesús Resucitado?

 

Oremos: Señor Jesús, dame la gracia de aprender a salir cada vez más de mí mismo, dejar de lado mis comodidades e intereses, para darte el primer lugar en mi existencia. Amén.

 

Actuemos: Enfrento los problemas y las dificultades con un sentido sobrenatural, viendo en esas realidades un camino de confianza en Dios y en su salvación.

 

Recordemos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla?”.

 

Profundicemos: “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito” (Papa Benedicto XVI).

 

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