“Sean perfectos como su Padre celestial”
(Mt 5, 43-48)
Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida
La experiencia del seguimiento de Jesús y el camino de vida cristiana encarna la tensión de la conclusión del Evangelio del día de hoy: “Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”. La perfección no debe entenderse como un cálculo de nuestro tiempo que logra un puntaje máximo de calidad, rendimiento o precisión como regularmente acontece en nuestras instituciones, sino como la fuerza dinamizadora de una experiencia que en la vida se convierte en testimonio y al hacerse testimonio, es perfecta. De hecho, en los inicios del cristianismo esta perfección de la caridad cristiana fue la levadura que no pudo detener ningún imperio y que permitió rápidamente el crecimiento del fenómeno entendido como el cristianismo. Ahora en este camino de la vida, en que “no es tan fácil ser un buen cristiano”, como lo recita el canto, es preciso encarnar el bien mayor propio del seguimiento de Jesús. No solo se trata de practicar solamente un bien altruista o de hacer una obra de caridad que haga demasiado ruido. Se trata es de vivir la perfección de vida cristiana desde el silencio, que no hace ruido pero que sí es fecunda y crece como la semilla de mostaza, que fermenta la masa como la levadura. Entonces, la pregunta de Jesús: “¿Qué hacen de extraordinario?”, tendrá respuesta, no con palabras, sino con el testimonio, o sea, con la vida misma.
Reflexionemos: En mi camino de vida cristiana, el Evangelio me invita a la perfección de la vida cristiana que se debe caracterizar no solo por lo aparente, por lo obvio, propio de nuestro cristianismo, sino por la fuerza de la caridad evangélica que me llama a salir al encuentro de mis hermanos haciendo vida la presencia de Dios.
Oremos: Padre bueno, al volver mi mirada a la experiencia de vida cristiana desde los mandamientos, siento que los cumplo, pero cuando Jesús nos enseñó que el más importante es “amar al prójimo como a sí mismo”, sé que la vida es un camino que debo recorrer desde “la caridad que no acabará nunca”. Amén.
Actuemos: En la vida práctica, cumplo los mandamientos de la ley en una experiencia de vida cristiana que me coloque en un camino de entrega y servicio hacia los demás, sin límites.
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