No te vayas, Dios Mío

Álvaro Triviño- Coopau: Santander de Quilichao

Esta pandemia nos ha planteado varios retos para la vida, retos que hemos aprendido a asumir de forma positiva o negativa. Es una situación que no podemos cambiar, no está en las manos del sacerdote o del diácono o de cualquier fiel laico; pero lo que sí es posible cambiar es nuestro corazón y la forma de ver la vida interiormente para convertirla en bendición, a través de la oración, la meditación del santo Rosario, la lectura de la Palabra de Dios para hacerla vida.

Soy Álvaro Triviño Calderón, diácono permanente en Santander de Quilichao, Cauca, Colombia. La dificultad más grande que se presenta tanto en el Cauca, como en todo el país, es el miedo; miedo que nos lleva a actuar de manera poco comunitaria, y los medios de comunicación afianzan esta idea. Hay aquellos que solo piensan en la parte material, olvidándose de esta dimensión del ser humano que es la espiritualidad. Pongo a consideración la fragilidad humana cuando se cerraron los templos y a las personas se les notó tristeza y dolor por no poder ir al lugar donde nos disponemos para estar junto al Señor y hablarle en el silencio.

Como diácono permanente, ha sido una oportunidad para hacer ver a los fieles, en especial a nuestra comunidad, la urgencia de seguir fortaleciéndonos en el amor, en la  misericordia de Dios y su voluntad en nuestra vida, para tomar conciencia de su presencia en el lugar que nos encontramos. Si trabajamos en nuestro interior y abrimos la conciencia para saber cómo asumir este reto, retornaremos a la espiritualidad. El libro de los Proverbios nos dice: “Un gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos” (Pr 17, 22).

Esta enfermedad del covid-19 nos ha hecho pensar que debemos cuidarnos y así cuidar de los demás. Si yo me quiero, quiero a los demás, para eso están todas las medidas de higiene y protección señaladas por las autoridades; pero también es una oportunidad para limpiar nuestras impurezas del corazón: odios, resentimientos, la ira que cada día carcome y que es un virus mortal que nos va llevando a separarnos del amor de Dios que es la fibra sagrada del alma.

Quizás Dios, en esta situación, nos está invitando cada día a contemplar sus maravillas, a despertar y darle gracias por la hermosura de la naturaleza, a abrirnos al amor del otro, donde se manifiesta especialmente este amor de Dios en actos de generosidad como secreto de la felicidad. “Rico no es el que tiene todo, sino el que no tiene necesidad de todo”, como cita el refrán popular, y desde la oración acoger esta realidad como una oportunidad para afrontar la incertidumbre y fortalecer la humildad ante estas circunstancias; vivir desde la confianza, aún en las situaciones difíciles que nos quedan por atravesar.

 

No te vayas de nosotros, Dios nuestro...