Cuarto Domingo de la Palabra de Dios

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Motivación inicial: En este día en que celebramos como Iglesia el Cuarto Domingo de la Palabra de Dios estamos invitados a renovar nuestra relación con la Palabra y preguntarnos qué lugar ocupa en nuestra vida de fe tanto personal como familiar o comunitaria. Por eso, para iniciar este momento de oración y encuentro con la Palabra, vamos a disponer previamente un lugar especial, en el cual podamos organizar un pequeño altar para colocar la Biblia y encontrarnos en familia o en comunidad para orar con ella. Estamos invitados a tomar la Biblia en nuestras manos y a expresar aquello que ella representa en nuestro camino de fe. Luego podemos pasarla entre las personas con las que vamos a vivir este momento de oración. Al finalizar la ponemos nuevamente en el altar que hemos preparado mientras escuchamos la siguiente canción:

 

 

Lector: Reconociendo todo aquello que representa la Palabra de Dios en nuestro camino de fe personal, familiar y comunitario, vamos a pedir al Espíritu Santo que sea Él quien nos permita adentrarnos en esta experiencia de encuentro que el Señor hoy nos regala con su Palabra y a percibir los llamados que desde el Evangelio de este día quiere hacernos. Para ello, vamos a invocar su presencia encendiendo una vela y orando juntos:

 

Espíritu Santo, ayúdame a reconocer la voz de Dios
y a estar atento a su voluntad.
Ilumina con tu luz la oscuridad de mi corazón
para que la Palabra de Dios habite en él.
Condúceme por el camino de la voluntad del Padre.
Ayúdame a experimentar la salvación que viene solo de Dios.
Hazme dócil y fortalece mi ánimo,
para que comprenda que tú eres la defensa de mi vida.

Amén.

(Tomada de: Misal Popular,  Enero-febrero 2023, Paulinas, p. 113).

 

1. Lectura: Para adentrarnos en esta experiencia que nos narra el evangelista Mateo estamos invitados a leer dos o tres veces el relato. Una vez de corrido y otra por personajes.

Del Evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que Juan el Bautista había sido encarcelado, se retiró a Galilea. Pero salió de Nazaret y fue a establecerse en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así debía cumplirse lo dicho por el profeta Isaías acerca de “las tierras de Zabulón y Neftalí, la región que va desde el mar hasta el otro lado del Jordán, la Galilea rodeada de gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio la luz de un gran día; vivían en sombras de muerte, y una luz les brilló”. Entonces comenzó Jesús a proclamar este mensaje: “Vuelvan a Dios, porque ya llega su reinado”. Y caminando por la orilla del lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, que también se llama Pedro, y a Andrés, que estaban echando la atarraya en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: “Síganme, y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en la barca con su padre Zebedeo, remendando las redes. Y los llamó. Ellos inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Y recorría a toda Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la buena noticia del reino de Dios y curando toda clase de enfermedades y dolencias en el pueblo.

 

S: Palabra del Señor.

T: Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Guía: Para profundizar mucho más la lectura del relato, podemos ir mencionando cuáles son los personajes, los lugares, los pueblos que allí aparecen. Luego centremos nuestra mirada en Jesús, en sus acciones, en los diálogos que entabla con sus discípulos y en la invitación que les hace para ser sus seguidores.

 

2. Meditación: Después de tener claro aquello que nos narra el evangelio podemos pasar a preguntarnos por el mensaje que quiere comunicarnos. Para ello, podemos detenernos en aquella imagen, expresión, personaje o diálogo, que más haya llamado nuestra atención y preguntarnos qué mensaje o enseñanza quiere comunicarnos el Señor a través de ella. Si realizamos esta Lectio en familia o en grupo, podemos compartir entre todos los llamados que la Palabra nos ha hecho.

 

3. Oración: Después de percibir los llamados que nos deja la Palabra estamos invitados también a responder a Dios presentando nuestras intenciones sea en forma de súplica o de acción de gracias. Es decir, expresándole en forma de oración aquello que esta experiencia narrada en el Evangelio suscita en nosotros. Luego de compartirlas, oramos juntos el salmo que la liturgia nos propone en este día:

 

Salmo 26, 1. 4. 13-14

 El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? / R.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días
de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo / R.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor / R.

 

4. Contemplación: Contemplar es llevar al corazón la Palabra, para interiorizarla y dejar que siga resonando en nosotros. Por eso, en un momento de silencio traigamos a nuestra mente y a nuestro corazón aquella frase o imagen que más nos llegó del Evangelio. Dejemos que el Señor nos siga hablando a través de ella y comunicando su profundo deseo que también como Pedro, Andrés, Juan y Santiago, nosotros acojamos su llamado para dejar nuestras redes, seguirlo y ser pescadores de hombres desde las diferentes realidades que vivimos y nos encontramos.

 

5. Acción: La Palabra cobra vida cuando la testimoniamos a través de gestos o acciones concretas que vivimos en lo cotidiano. Por eso, a la luz de toda la experiencia recorrida con el evangelio de este día, estamos llamados a formular un compromiso concreto que podamos poner en práctica en esta nueva semana que iniciamos. Luego podemos escribirlo en una de las huellas de papel que hemos preparado previamente y ponerla al lado de la Biblia, denotando el camino que queremos seguir cultivando desde la Palabra.

 

Guía: Agradecemos a Dios por este encuentro vivo con su Palabra, por los llamados que deja en nosotros y por la invitación que nos hace de ser sus discípulos. Concluimos cantando:

 

Pescador de hombres

Tú has venido a la orilla,
no has buscado ni a sabios ni a ricos,
tan solo quieres que yo te siga.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti buscaré otro mar.

Tú sabes bien lo que tengo,
que en mi barca no hay oro ni espadas,
tan solo redes y mi trabajo.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca.
Junto a ti buscaré otro mar.

 

Hna. Mariluz Arboleda Flórez, fsp.

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