04 de julio

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos?”
(Mt 9, 14-17)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

En los textos anteriores hemos podido contemplar cómo Jesús desenmascara el costo de la enfermedad y lo que ella genera en las victimas que terminan siendo excluidas del sistema social y religioso, pues el reino actúa no solo con palabras; nos ha recordado también que en aquellos que le aceptan ha comenzado el reino. Hoy ante la inquietud sincera de los discípulos que ven en su manera de vivir la fe una clara diferencia con la manera de otros maestros de su tiempo, Jesús nos sigue revelando que el Padre no acepta la justificación religiosa para seguir repitiendo el mismo esquema que justifica la exclusión de aquellos que no encajan con el orden establecido. Acoger el tiempo de Dios necesita la apertura y disponibilidad necesaria para no desperdiciar la gracia que en Él se nos comunica: “A vino nuevo, odres nuevos”; es decir, la apertura de mente y corazón que solo los auténticos seguidores requieren y que están dispuestos a asumir el costo por ello. Jesús no menosprecia las prácticas rituales, pero estas, no son el contenido central de la fe; sino el reino; por ello, estas sirven en cuanto nos permitan acoger el don del Padre, de lo contario, se convierten en obstáculo que lo único que hacen, es estropear la gozosa alegría de la cercanía de Dios que se nos presenta desde la imagen de la boda que en el contexto judío nos remite a la alianza que no depende de nosotros, sino de la gratuidad del Señor. Qué sentido tiene cumplir con normas y rituales si estos no están conectados con la profunda novedad del don de Jesús que hace nuevas todas las cosas. No se trata de vivir según nuestros propios caprichos, sino de estar atentos a lo que realmente es esencial y que en labios de Jesús suena a bienaventuranza, alegría y justicia que con su autoridad hacen de la vida personal y comunitaria, un signo concreto del paso de Dios por la humanidad.

Reflexionemos:

¿Acojo la novedad constante de Dios en mi vida o esta depende solo de prácticas rituales?

Oremos:

Espíritu Santo, penetra en lo profundo del corazón y remueve todo aquello que no permite que la Palabra transforme en mí; traduce al lenguaje de nuestra vida la alegría que solo tú puedes darnos cuando acogemos con libertad tu presencia entre nosotros. Amén.

Actuemos:

Identifico las prácticas religiosas que no me hacen libre ante el Señor y los hermanos.

Recordemos:

“Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor” (Mt 9, 16).

Profundicemos:

El evangelio y la gracia divina son el “vino nuevo”. Las estructuras mentales rígidas, las rutinas vacías y el legalismo religioso son los “odres viejos”.

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