29 de junio

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos”
(Mt 16, 13-19)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

La Iglesia hoy conmemora el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, ocurrido en Roma entre los años 64 y 67 bajo el mandato del emperador Nerón, cuando perseguían a los cristianos; como sabemos, san Pedro fue escogido por Jesucristo como cabeza de los apóstoles y no considerándose digno de morir como Cristo, pidió ser crucificado con la cabeza hacia abajo. Y san Pablo, por tener la ciudadanía romana, impidió la crucifixión y fue decapitado en la vía Ostiense. Las tumbas de ambos mártires son lugares de peregrinación en Roma; la de san Pablo se encuentra en la Basílica de San Pablo Extramuros, y san Pedro obviamente en la Basílica de San Pedro. Gracias al coraje e impulso misionero de estos grandes apóstoles, el cristianismo se extendió a todo el mundo. El Evangelio de hoy nos ubica en la región de Cesarea de Filipo, donde Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos dan las diversas opiniones que han escuchado. Luego Jesús se dirige directamente a ellos, diciéndoles: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro tomando la palabra de manera sencilla declara: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Sobre esta confesión de fe que hace Pedro, recibe la alabanza del Señor y lo confirma como apóstol para siempre dándole una nueva identidad: “¡Dichoso tú, Simón, ¡hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Así, Pedro se constituye en uno de los pilares de la Iglesia, en instrumento de Dios, en fundamento visible para convocarnos a formar comunidad de creyentes que comparten una misma fe, como pueblo santo y elegido del Señor.

Reflexionemos:

Mediante el testimonio y ministerio de los apóstoles Pedro y Pablo, como cristianos estamos llamados a asumir y vivir de manera diferente el sufrimiento, cuando por nuestra fe somos rechazados o injuriados. Preguntémonos: ¿Tengo el valor de defender mi Iglesia cuando otros se expresan de manera poco apropiada sobre su doctrina y enseñanza?, ¿me avergüenzo de mi fe?

Oremos:

Cristo Maestro, concédeme un espíritu firme para seguir las huellas de los santos Pedro y Pablo; que pueda imitarles en la fe, en el compromiso de evangelización, en el sufrimiento y en el ofrecimiento de mi vida, para alcanzar con ellos el premio eterno. Amén.

Actuemos:

Este pasaje establece el compromiso de que edifiquemos la Iglesia sobre la fe, asumiendo una vocación de servicio, autoridad moral y fidelidad inquebrantable a Cristo.

Recordemos:

Y yo te digo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella” (Mt 16, 18).

Profundicemos:

Este pasaje bíblico establece las bases doctrinales sobre quién es Cristo y cómo se organiza su comunidad de creyentes.

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