
Jesús envía a misión por toda Galilea a sus doce discípulos a quienes llamó, los preparó y caminaron a su lado; ahora los envía, dándoles el poder y la autoridad sobre toda clase demonios y de curar enfermos. Les da consejos claves para este caminar anunciando el Reino de Dios, que implica ir con lo estrictamente necesario, ser austeros, pobres, sencillos, humildes, dar a los bienes su lugar, para que no entorpezcan ni desvíen de lo principal que es la evangelización y el compartir con la gente el estilo de vida de Jesús: sencillo, cercano y ligero de equipaje. Otra actitud es, el saber aceptar la acogida que les den las personas en su casa y el no sufrir en caso de no ser acogidos, sino saber seguir siempre adelante, sin desanimarse. Ellos obedientes y confiados en el mandato de Jesús se pusieron en camino y fueron anunciando la Buena Noticia en todas partes. Esto nos recuerda al Papa Francisco que nos insistía en que debemos ser “una Iglesia en salida”, que va al encuentro de la gente, y de esto nos da ejemplo el mismo Jesús.
Confiemos en Dios que cuenta con nosotros, para seguirlo anunciando y dando a conocer a nuestros hermanos, y no escatimemos energías para estar atentos en nuestras familias y en nuestros ambientes de trabajo; para aliviar y ayudar a superar esas enfermedades que nos aquejan. Preguntémonos: ¿Evitamos a lo largo del camino de la vida, no acumular y llenarnos de bienes materiales, que no son fuente de felicidad y que no pocas veces nos alejan de Dios y de los hermanos?
Señor Jesús, gracias por llamarme y enviarme. Dame fe para confiar solo en tu gracia, despojarme de lo inútil y anunciar tu Reino con sencillez y amor. Amén.
El compromiso es la respuesta de fe a la misión que Jesús confía a sus discípulos: salir a predicar el Reino de Dios y sanar a los enfermos con una confianza absoluta en la providencia divina, sin buscar seguridades materiales ni comodidades personales.
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes (Lc 9, 6).
Jesús les da autoridad a sus discípulos para sanar y predicar el Reino de Dios, ordenándoles viajar sin equipaje ni dinero para depender totalmente de Dios y de la hospitalidad ajena, afrontando el rechazo con sencillez y firmeza.


