
Es natural que al escuchar decir en el versículo 22 de este capítulo 12 que su hijo estaba endemoniado, su madre y familiares decidiera ir por él, pues en el contexto del clan familiar lo que afecta a un miembro afectaba a todos, y ya sabemos lo que pasaba cuando a alguien se le señalaba de tal manera en el tiempo y contexto de Jesús; esto nos habla a su vez del proceso que también María como discípula tuvo que vivir; porque en adelante el ser parte de la familia de Jesús y de los valores del reino va más allá de los lazos de sangre. En este sentido, se nos recuerda que nuestra experiencia de fe determina los vínculos que vivimos con el Señor y con los hermanos, pues ahora nos unen lazos de vida; la sabia divina que nos habita y engendra en la escucha de la Palabra. Entendemos la actitud de Jesús con quienes comparte familiaridad; ahora, su madre y hermanos deberán relacionarse desde esta nueva manera de tejer comunidad y familia para poder entrar en la dinámica de la voluntad del Padre, pues el texto insiste que ellos “están fuera y lo mandan llamar” como quienes tienen autoridad sobre Él, lo cual nos indica que no han entendido o menos aún, han aceptado su ministerio; luego aparece el gesto de Jesús como respuesta: “señalando a sus discípulos” que están con él. Si queremos ser parte de esta nueva familia, esta actitud de escucha es fundamental para entrar en la dinámica de vida que nos propone Jesús: el reino y su misterio divino; si nosotros queremos ser parte del reino de Dios, lo que se nos pide es entrar en esta dinámica de acogida y escucha de su mensaje, de su persona a ejemplo de María: ella es la discípula siempre fiel que permanece de pie firme al pie de la cruz.
¿Qué me impide entrar y hacer de la familia de discípulos de Jesús?
Espíritu Santo, danos un corazón dócil, como el de María, para guardar las enseñanzas de Jesús y ponerlas en práctica en nuestra vida diaria. Ayúdanos a mirar a quienes nos rodean con tu luz, reconociendo en cada prójimo a nuestro hermano; que nuestro actuar refleje el amor que nos tienes. Amén.
No basta con escuchar o conocer la Palabra; el compromiso exige poner en práctica esa palabra divina de manera cotidiana y completa.
“Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12, 50).
Jesús redefinió el concepto de familia al declarar que todo aquel que cumple la voluntad de Dios se convierte en su verdadero hermano, hermana y madre.


