
Queridos amigos, Jesús continúa iluminando el camino de quienes escuchan sus enseñanzas en el sermón de la montaña, proclamando: “No crean que he venido a abolir la ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. La ley y los profetas es una expresión que contiene toda la sabiduría de las Sagradas Escrituras. Por eso, es importante pedir el don del Espíritu Santo para acoger y discernir esta Palabra, evitando llegar a falsas interpretaciones que nos esclavizan, como aquellos que en el Antiguo Testamento la tomaron básicamente como un conjunto de normas, exigencias y prohibiciones, que debían cumplirse al pie de la letra para alcanzar la salvación. Cuando Jesús nos dice que “no ha venido a abolir sino a dar cumplimiento”, quiere decir que su presencia es liberadora, ya que transforma esa pesada carga de la ley en el suave yugo del amor; con sus palabras y acciones nos acerca a la bondad y misericordia de Dios Padre. Su estilo de vida es conforme a la voluntad de Dios y en la obediencia al Padre, da cumplimiento a su misión de Dios y Hombre salvador. “Por eso les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última tilde de la ley”. Porque si nos dejamos guiar por la sabiduría de Dios, seremos personas capaces de obrar con justicia, amor y misericordia. El amor es la fuerza que nos permite trascender buscando siempre la gloria de Dios y la fraternidad entre los seres humanos.
Nuestro comportamiento, nuestras acciones que moralmente le damos un calificativo de bueno o malo brotan de las intenciones que guardamos en lo profundo del corazón. Por eso es importante cultivar esa relación con Dios y reconocernos como hermanos. Preguntémonos: ¿Me confío cada día al Espíritu Santo y pido la gracia de acoger la Palabra para caminar en la verdad y la libertad de los hijos de Dios? ¿Dejo que Dios sea Dios en mi vida y le agradezco por derramar su misericordia en mí?
Señor Jesús Divino Maestro, te doy gracias por tu Palabra que es luz y guía en el camino que recorro cada día; te agradezco por tu presencia y sabiduría que armonizan mi existencia para vivir según tu santa voluntad. Amén.
Vivo las enseñanzas de Jesús no solo de palabra, sino con acciones concretas en la cotidianidad.
“No piensen que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5, 17).
Jesús no borra los diez mandamientos, sino que les quita el peso puramente legalista y formalista, dándoles su verdadero sentido: el amor total a Dios y al prójimo.


