10 de junio

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud”
(Mt 5, 17-19)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Queridos amigos, Jesús continúa iluminando el camino de quienes escuchan sus enseñanzas en el sermón de la montaña, proclamando: “No crean que he venido a abolir la ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. La ley y los profetas es una expresión que contiene toda la sabiduría de las Sagradas Escrituras. Por eso, es importante pedir el don del Espíritu Santo para acoger y discernir esta Palabra, evitando llegar a falsas interpretaciones que nos esclavizan, como aquellos que en el Antiguo Testamento la tomaron básicamente como un conjunto de normas, exigencias y prohibiciones, que debían cumplirse al pie de la letra para alcanzar la salvación. Cuando Jesús nos dice que “no ha venido a abolir sino a dar cumplimiento”, quiere decir que su presencia es liberadora, ya que transforma esa pesada carga de la ley en el suave yugo del amor; con sus palabras y acciones nos acerca a la bondad y misericordia de Dios Padre. Su estilo de vida es conforme a la voluntad de Dios y en la obediencia al Padre, da cumplimiento a su misión de Dios y Hombre salvador. “Por eso les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última tilde de la ley”. Porque si nos dejamos guiar por la sabiduría de Dios, seremos personas capaces de obrar con justicia, amor y misericordia. El amor es la fuerza que nos permite trascender buscando siempre la gloria de Dios y la fraternidad entre los seres humanos.

Reflexionemos:

Nuestro comportamiento, nuestras acciones que moralmente le damos un calificativo de bueno o malo brotan de las intenciones que guardamos en lo profundo del corazón. Por eso es importante cultivar esa relación con Dios y reconocernos como hermanos. Preguntémonos: ¿Me confío cada día al Espíritu Santo y pido la gracia de acoger la Palabra para caminar en la verdad y la libertad de los hijos de Dios? ¿Dejo que Dios sea Dios en mi vida y le agradezco por derramar su misericordia en mí?

Oremos:

Señor Jesús Divino Maestro, te doy gracias por tu Palabra que es luz y guía en el camino que recorro cada día; te agradezco por tu presencia y sabiduría que armonizan mi existencia para vivir según tu santa voluntad. Amén.

Actuemos:

Vivo las enseñanzas de Jesús no solo de palabra, sino con acciones concretas en la cotidianidad.

Recordemos:

“No piensen que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5, 17).

Profundicemos:

Jesús no borra los diez mandamientos, sino que les quita el peso puramente legalista y formalista, dándoles su verdadero sentido: el amor total a Dios y al prójimo.

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