
Queridos amigos, en el evangelio de hoy Marcos nos presenta la parábola de los viñadores homicidas. Jesús al hacer la narración de la parábola describe muchos detalles del propietario quien dispone todo de la mejor manera en su viña para luego darla en arriendo a unos labradores. El propietario es Dios, quien en la inmensidad de su amor y misericordia, nos confía su viña para ser administrada y, que como pueblo suyo, demos buenos frutos; pero en ocasiones el corazón humano se deja ganar del egoísmo, la ambición y la codicia y pierde de vista el proyecto y la amistad con Dios quien continuamente nos envía a sus servidores y mensajeros para que nos recuerden el compromiso y la responsabilidad que tenemos con el cuidado de la vida. Un detalle que me parece muy lindo en este evangelio es la paciencia de Dios. Nos dice el texto que cuando llegó el tiempo de percibir lo que le correspondía del fruto de la viña el propietario envió una y otra vez mensajeros, pero todos fueron tratados con desprecio y golpes, entonces, por último, envía a su hijo amado pensando que lo respetarían, pero la ambición de los labradores se tornó en violencia y desprecio por la vida: “Este es el heredero. Venga, lo matamos y será nuestra la herencia”. Un corazón obstinado, se pierde en sus propios intereses y corre el riesgo de poner obstáculo al Espíritu Santo negándose a dar los frutos que hacen presente el Reino de Dios entre nosotros. ¿Qué hará el dueño de la viña? Nos da la herencia en su Hijo Jesucristo, quien renueva nuestra existencia y nos restaura desde esas heridas profundas que llevamos en el alma para que seamos hombres y mujeres nuevos.
Lo más importante en la existencia humana es llevar a Dios en el corazón y reconocer, que todo lo que somos y poseemos, es gracia a su infinita bondad y misericordia por el amor que nos tiene, y con el que nos hacemos heredero de su Reino. Preguntémonos: ¿Cuál es mi mayor prioridad en la vida? ¿Tengo presente que puedo contar con Dios en las buenas y en las malas como mi roca de salvación? ¿Preferimos más las seguridades materiales que al mismo Dios?, somos administradores, no dueños de los dones recibidos.
Espíritu Santo, ven a mi vida y concédeme un corazón dócil a la gracia divina para dar los frutos de amor, bondad y humildad que Dios espera e este día de mí. Amén.
Recibamos a Jesús como el Dios de nuestra vida y de quien nos viene la salvación.


