En aquellos días, David fue y trajo con algazara el arca de Dios de la casa de Obededón a la ciudad de David. Cuando los portadores del arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado. David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino. Él y toda la casa de Israel iban subiendo el arca del Señor entre aclamaciones y al son de trompeta. Trajeron el arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David. David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.
¡Portones!, alcen los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria / R.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla / R.
¡Portones!, alcen los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria / R.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios del universo. Él es el Rey de la gloria / R.
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.
“El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”
En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: “Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan”. Él les pregunta: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”. Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En aquellos días, todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron: “Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: ‘Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel’”. Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel. David tenía treinta años cuando comenzó a reinar. Y reinó cuarenta años; siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá. David se dirigió con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que habitaban en el país. Estos dijeron a David: “No entrarás aquí, pues te rechazarán hasta los ciegos y los cojos”. Era como decir: David no entrará aquí. Pero David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David. David iba engrandeciéndose, pues el Señor, Dios del universo, estaba con él.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán.
Un día hablaste en visión a tus santos: “He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado de entre el pueblo” / R.
“Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso” / R.
“Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, por mi nombre crecerá su poder: extenderé su izquierda hasta el mar, y su derecha hasta el Gran Río” / R.
Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte e hizo brillar la vida por medio del Evangelio.
Satanás está perdido
En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: “Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios”. Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: “¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para saquear su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá saquear la casa. En verdad les digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre”. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? / R.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo / R.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor / R.
Les ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digan todos lo mismo y que no haya divisiones entre ustedes. Estén bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir. Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre ustedes. Y les digo esto porque cada cual anda diciendo: “Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo”. ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por ustedes? ¿Fueron bautizados en nombre de Pablo? Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
Jesús proclamaba el Evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo.
Se estableció en Cafarnaún, para que se cumpliera lo dicho por Isaías
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: “Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: “Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos”. Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: “Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca restaurando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En aquellos días, David regresó tras derrotar a Amalec y se detuvo dos días en Sicelag. Al tercer día vino un hombre del campamento de Saúl con las vestiduras rasgadas y tierra en la cabeza. Al llegar a la presencia de David, cayó a tierra y se postró. David le preguntó: “¿De dónde vienes?”. Respondió: “He huido del campamento de Israel”. David le preguntó de nuevo: “¿Qué ha sucedido? Cuéntamelo”. Respondió: “La tropa ha huido de la batalla y muchos del pueblo han caído y han muerto, entre ellos Saúl y su hijo Jonatán”. Entonces David, echando mano a sus vestidos, los rasgó, lo mismo que sus acompañantes. Hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta la tarde por Saúl, por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, caídos a espada. Y dijo David: “La flor de Israel herida en tus alturas. Cómo han caído los héroes. Saúl y Jonatán, amables y gratos en su vida, inseparables en su muerte, más veloces que águilas, más valientes que leones. Hijas de Israel, lloren por Saúl, que las cubría de púrpura y adornos, que adornaba con alhajas de oro sus vestidos. Cómo han caído los héroes en medio del combate. Jonatán, herido en tus alturas. Estoy apenado por ti, Jonatán, hermano mío. Me eras gratísimo, tu amistad me resultaba más dulce que el amor de mujeres. Cómo han caído los héroes. Han perecido las armas de combate”.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.
Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño; tú que te sientas sobre querubines, resplandece ante Efraín, Benjamín y Manasés; despierta tu poder y ven a salvarnos / R.
Señor Dios del universo, ¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te suplica? Les diste a comer llanto, a beber lágrimas a tragos; nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos, nuestros enemigos se burlan de nosotros / R.
Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.
Su familia decía que estaba fuera de sí
En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En aquellos días, Saúl tomó tres mil hombres escogidos de todo Israel y marchó en busca de David y su gente frente a Sure Hayelín. Llegó a un corral de ovejas, junto al camino, donde había una cueva. Saúl entró a hacer sus necesidades, mientras David y sus hombres se encontraban al fondo de la cueva. Los hombres de David le dijeron: “Este es el día del que te dijo el Señor: ‘Yo entregaré a tus enemigos en tu mano’. Haz con él lo que te parezca mejor”. David se levantó y cortó, sin ser visto, la orla del manto de Saúl. Después de ello, sintió pesar por haber cortado la orla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: “El Señor me libre de obrar así contra mi amo, el ungido del Señor, alargando mi mano contra él; pues es el ungido del Señor”. David disuadió a sus hombres con esas palabras y no les dejó alzarse contra Saúl. Este salió de la cueva y siguió su camino. A continuación, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: “¡Oh rey, mi señor!”. Saúl miró hacia atrás. David se inclinó rostro a tierra y se postró. Y dijo a Saúl: “¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: ‘David busca tu desgracia’? Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: ‘No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido del Señor’. Padre mío, mira por un momento, la orla de tu manto en mi mano. Si la he cortado y no te he matado, comprenderás bien que no hay en mí ni maldad ni culpa y que no te he ofendido. Tú, en cambio, estás buscando mi vida para arrebatármela. Que el Señor juzgue entre los dos y me haga justicia. Pero mi mano no estará contra ti. Como dice el antiguo proverbio: ‘De los malos sale maldad’. Pero en mí no hay maldad. ¿A quién ha salido a buscar el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una simple pulga. El Señor sea juez y juzgue entre nosotros. Juzgará, defenderá mi causa y me hará justicia, librándome de tu mano”. Cuando David acabó de dirigir estas palabras a Saúl, este dijo: “¿Es esta tu voz, David, hijo mío?”. Saúl levantó la voz llorando. Y siguió diciendo: “Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal. Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo, pues el Señor me había puesto en tus manos y tú no me has matado. ¿Si uno encuentra a su enemigo, le deja seguir por las buenas el camino? Que el Señor te recompense el favor que hoy me has hecho. Ahora sé que has de reinar y que en tu mano se consolidará la realeza de Israel”.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Misericordia, Dios mío, misericordia.
Misericordia, Dios mío, misericordia, que mi alma se refugia en ti; me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad / R.
Invoco al Dios altísimo, al Dios que hace tanto por mí. Desde el cielo me enviará la salvación, confundirá a los que ansían matarme, enviará Dios su gracia y su lealtad / R.
Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria. Por tu bondad que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes / R.
Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Llamó a los que quiso para que estuvieran con Él
En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con Él. E instituyó doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En aquellos días cuando David volvía de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl para cantar danzando con tambores, gritos de alborozo y címbalos. Las mujeres cantaban y repetían al bailar: “Saúl mató a mil, David a diez mil”. A Saúl lo enojó mucho aquella copla y le pareció mal, pues pensaba: “Han asignado diez mil a David y mil a mí. No le falta más que la realeza”. Desde aquel día Saúl vio con malos ojos a David. Saúl manifestó a su hijo Jonatán y a sus servidores la intención de matar a David. Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David. Y le advirtió: “Mi padre busca el modo de matarte. Mañana toma precauciones, quédate en lugar secreto y permanece allí oculto. Yo saldré y me colocaré al lado de mi padre en el campo donde te encuentres. Le hablaré de ti, veré lo que hay y te lo comunicaré”. Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo: “No haga daño el rey a su siervo David, pues él no te ha hecho mal alguno y su conducta ha sido muy favorable hacia ti. Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor concedió una gran victoria a todo Israel. Entonces te alegraste al verlo. ¿Por qué hacerte culpable de sangre inocente, matando a David sin motivo?”. Saúl escuchó lo que le decía Jonatán, y juró: “Por vida del Señor, no morirá”. Jonatán llamó a David y le contó toda aquella conversación. Le trajo junto a Saúl y siguió a su servicio como antes.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. En Dios confío y no temo.
Misericordia, Dios mío, que me hostigan, me atacan y me acosan todo el día; todo el día me hostigan mis enemigos, me atacan en masa, oh Altísimo / R.
Anota en tu libro mi vida errante, recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío, mis fatigas en tu libro. Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco / R.
Así sabré que eres mi Dios. En Dios, cuya promesa alabo; en el Señor, cuya promesa alabo / R.
En Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias / R.
Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio.
Los espíritus inmundos gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”, pero Él les prohibía que lo diesen a conocer
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante Él y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y este le dijo: “Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo”. Pero Saúl respondió: “No puedes ir a luchar contra ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad”. David añadió: “El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo”. Entonces Saúl le dijo: “Vete, y que el Señor esté contigo”. Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto. El filisteo le dijo: “¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?”. Y maldijo a David por sus dioses. El filisteo siguió diciéndole: “Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo”. David le respondió: “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel. Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanza, porque la guerra es del Señor y los va a entregar en nuestras manos”. Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él. David metió su mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano. David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea / R.
Mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos / R.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna / R.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo.
“¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?”
En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. Y a ellos les pregunta: “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?”. Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: “Extiende la mano”. La extendió y su mano quedó restablecida. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con Él.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: “¿Hasta cuándo vas a estar sufriendo por Saúl, cuando soy yo el que lo he rechazado como rey sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí”. Samuel respondió: “¿Cómo voy a ir? Si lo oye Saúl, me mata”. El Señor respondió: “Llevas de la mano una novilla y dices que has venido a ofrecer un sacrificio al Señor. Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que te señale”. Samuel hizo lo que le había ordenado el Señor. Una vez llegado a Belén, los ancianos de la ciudad salieron temblorosos a su encuentro. Preguntaron: “¿Es de paz tu venida?”. Respondió: “Sí. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio”. Purificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio. Cuando estos llegaron, vio a Eliab y se dijo: “Seguro que está su ungido ante el Señor”. Pero el Señor dijo a Samuel: “No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón”. Jesé llamó a Abinadab y lo presentó a Samuel, pero le dijo: “Tampoco a este lo ha elegido el Señor”. Jesé presentó a Samá. Y Samuel dijo: “El Señor tampoco ha elegido a este”. Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: “El Señor no ha elegido a estos”. Entonces Samuel preguntó a Jesé: “¿No hay más muchachos?”. Y le respondió: “Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño”. Samuel le dijo: “Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga”. Jesé mandó por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este”. Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante. Samuel emprendió luego el camino de Ramá.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Encontré a David, mi siervo.
Un día hablaste en visión a tus santos: “He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado de entre el pueblo” / R.
“Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso” / R.
“Él me invocará: ‘Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora’; y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra” / R.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.
“El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”
Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntan: “Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?”. Él les responde: “¿No han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?”. Y les decía: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado”.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
En aquellos días, Samuel dijo a Saúl: “Voy a comunicarte lo que me ha manifestado el Señor esta noche”. Saúl contestó: “Habla”. Samuel siguió diciendo: “¿No es cierto que siendo pequeño a tus ojos eres el jefe de las doce tribus de Israel? El Señor te ha ungido como rey de Israel. El Señor te envió con esta orden: ‘Ve y entrega al anatema a esos malvados amalecitas y combátelos hasta aniquilarlos’. ¿Por qué no has escuchado la orden del Señor, lanzándote sobre el botín, y has obrado mal a sus ojos?”. Saúl replicó: “Yo he cumplido la orden del Señor y he hecho la campaña a la que me envió. Traje a Agag, rey de Amalec, y entregué al anatema a Amalec. El pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo más selecto del anatema, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal”. Samuel exclamó: “¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros. Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación, mentira de los terafim. Por haber rechazado la Palabra del Señor, te ha rechazado como rey”.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
“No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños” / R.
“¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?” / R.
“Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ese me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios” / R.
La Palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.
“El esposo está con ellos”
En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: “Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?”. Jesús les contesta: “¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto –lo nuevo de lo viejo– y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos”.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
Me dijo el Señor: “Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré”. Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza: “Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; Él se inclinó y escuchó mi grito. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios / R.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: “Aquí estoy” / R.
“–Como está escrito en mi libro– para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas” / R.
He proclamado tu justicia ante la gran asamblea; no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes / R.
Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a ustedes, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios.
“Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es Aquel de quien yo dije: ‘Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”. Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús

