
Jesús presenta la parábola del gran banquete para enseñar que Dios invita a todos a participar de su Reino. Sin embargo, muchas personas rechazan esa invitación porque ponen por delante sus intereses, preocupaciones y comodidades, perdiendo la oportunidad de encontrarse con Él. Ante el rechazo de los primeros invitados, el Señor abre las puertas a los pobres, los enfermos, los olvidados y a todos los que están dispuestos a aceptar su llamado. En la fiesta del Reino no cuentan los privilegios, ni orgullosos, sino un corazón humilde que responde con fe y disponibilidad al amor de Dios. En la memoria de san Martín de Porres, este Evangelio nos recuerda que Dios tiene un lugar para todos en su mesa, especialmente para los más necesitados. San Martín comprendió esta verdad y dedicó su vida a servir con humildad, amor y alegría a los pobres, enfermos y abandonados, sin hacer distinciones. Hoy la Palabra nos invita a no poner excusas para responder al llamado de Dios. Como san Martín de Porres, estamos llamados a abrir nuestro corazón al servicio, a vivir la caridad con sencillez y a reconocer el rostro de Cristo en quienes más necesitan de nuestra ayuda.
¿Estoy respondiendo con generosidad a la invitación que Dios me hace cada día? ¿Sé reconocer a Cristo en los pobres, los enfermos y las personas que necesitan de mi tiempo, mi escucha y mi servicio?
Señor Jesús, gracias por invitarme a participar de tu Reino. Quita de mi corazón las excusas que me alejan de ti y dame la humildad y el espíritu de servicio de san Martín de Porres, para amar y servir a todos con alegría y generosidad. Amén.
Hoy realizo un gesto concreto de servicio hacia una persona necesitada, ofreciendo mi ayuda con humildad, sin esperar reconocimiento, siguiendo el ejemplo de san Martín de Porres.
Dios invita a todos a su Reino, pero solo quien responde con un corazón humilde y disponible puede participar plenamente de su banquete de amor que es la Eucaristía.
Lee nuevamente Lc 14, 15-24 y contempla cuáles son las “excusas” que pueden impedirte responder al llamado de Dios. Pide la intercesión de san Martín de Porres para vivir una fe que se exprese en el amor, el servicio y la misericordia hacia los demás.


