11 de julio

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“No tengan miedo a los que matan el cuerpo”
(Mt 10, 24-33)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Ayer el texto nos llamaba a la prudencia como virtud y venimos diciendo que el destino de Jesús se convierte en el horizonte del discípulo, pues si queremos permanecer con él hemos de ir siempre detrás de Él, no podemos separarnos un ápice de su vida so pena de extraviarnos en el camino. La misión implica ampliar los alcances del mensaje, pues serán ellos, los discípulos quienes deberán explicarlo una vez Él ya no esté con ellos: “Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, lo que diga al oído pregónenlo en la azotea”. En este sentido, para todo hombre y mujer de fe, la confianza plena debe estar puesta en el Señor, porque en aras del anuncio, sabemos que no todos están dispuestos a dar espacio para que sus valores sean una realidad al punto que buscarán impedirlo a toda costa; esta realidad no es solo a nivel social, sino desde nuestras relaciones personales. Cuánto cuesta amoldarse y pasar por lo que Jesús llama la puerta estrecha. Optar por Jesús implica asumir una manera distinta de pensar, sentir y actuar, lo cual trae consecuencias. No tener miedo es una tarea de abandono constante, porque lo cierto es que el miedo paraliza y nos lleva en muchas ocasiones a traicionar o abandonar, pero también nos mantiene alertas y despiertos. Tengamos confianza en Jesús para no desesperarnos y no dejar que los impedimentos nos cierren a la esperanza de saber que no estamos solos y que tenemos quien dé la cara por nosotros.

Reflexionemos:

¿Qué temores me impiden asumir con autenticidad el seguimiento de Jesús?

Oremos:

Espíritu Santo, fuente de toda fortaleza, te invoco para que mores en mi corazón. Tú que fortaleciste a los apóstoles para no temer a los hombres, concédeme la gracia de ser un verdadero discípulo, dispuesto a seguir las huellas de mi Maestro. Ilumina mi mente y fortalece mi voluntad para ser testigo de Cristo en todo lugar, proclamando su Evangelio con mis palabras y mis obras. Amén.

Actuemos:

Venzamos el miedo al rechazo o a la persecución proclamando abiertamente el Evangelio, confiando plenamente en la Providencia y el amor incondicional de Dios.

Recordemos:

“No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena” (Mt 10, 28).

Profundicemos:

Seguir a Jesús implica asumir el mismo trato que Él recibió. Si al Maestro lo cuestionaron y rechazaron, el creyente debe estar preparado para enfrentar incomprensiones similares sin perder la paz.

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