
Hoy celebramos la memoria del Inmaculado Corazón de María, un corazón abierto al don de Dios, un corazón creyente, amante y generoso, que supo atesorar en el silencio la riqueza de la Palabra Divina, para ofrecerla a la humanidad en Jesús Camino, Vida y Verdad. Vivir en la verdad, es vivir en Dios; estar en paz con la propia conciencia y delante de los demás. En el Evangelio de hoy, tomado de la lectura de la feria, Jesús hace un fuerte llamado a la transparencia: “Que su hablar sea sí, sí; no, no. Lo que pasa de ahí viene del maligno”. La vida de quien cree en Dios debe ser pura y diáfana, por eso se deben evitar las palabrerías y juramentos. Aquello que la persona comunica de manera verbal o en sus acciones debe ser claro, real y verdadero. Ya en otros pasajes bíblicos hemos escuchado cómo el Señor denuncia la hipocresía y la falsedad, porque este comportamiento es un modo de actuar propio de la persona corrupta; mientras que alaba la sencillez y transparencia de quien tiene la inocencia de los niños. Una persona veraz es armónica e irradia confianza y credibilidad a su alrededor. En ella se refleja un espíritu de comunión con el Dios vivo y verdadero.
Amar la verdad, es dejarse transformar por la sabiduría de Dios que guarda su Palabra. Preguntémonos:¿Soy coherente entre lo que digo, pienso y vivo? ¿Me dejo inspirar por la fuerza del Espíritu Santo para ser delante de Dios, de los demás e incluso de mí mismo, testigo fiel de la verdad?
María Santísima, enséñame a amar la verdad para permanecer en el amor de tu Hijo Jesucristo. Amén.
Vivo de tal manera que un simple sí o no baste para que los demás confíen plenamente en mí.
“Sea su lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5, 37).
El cristiano debe vivir en la verdad absoluta y la transparencia total.


