
Hoy la Palabra de Dios continúa a profundizar en la enseñanza sobre la necesidad de renacer espiritualmente y anticipa la revelación de la salvación mediante la Cruz. Jesús insiste en que es necesario nacer de nuevo del Espíritu para entrar en el reino de Dios. Es decir, que es necesaria la transformación interior y ello implica una relación más profunda y radical con Dios. Sin embargo, debemos ser conscientes de que la salvación no depende de méritos humanos sino de la acción divina. Jesús hace referencia a Moisés levantando la serpiente en el desierto (Nm 21, 9) como prefiguración de su crucifixión. Así como quien miraba la serpiente era sanado de las mordeduras de las serpientes, quien cree en Jesús tendrá vida eterna. Por tanto, la crucifixión de Jesús es presentada como instrumento de salvación universal. Esta Evangelio nos invita a no tener miedo de cambiar, de “nacer de nuevo” y a poner nuestra mirada en la Cruz para encontrar la verdadera vida.
¿Acojo al Espíritu Santo y pongo mi confianza en Cristo como camino hacia la vida verdadera? ¿En qué áreas de mi vida me resisto a “nacer de nuevo” y prefiero quedarme en mis esquemas y costumbres seguras?
Señor Jesús, Pascua es la experiencia firme y personal contigo, que me permite conocerte y no solo saber cosas sobre ti. Que este tiempo de Pascua me ayude a establecer una relación contigo más fuerte y más duradera. Dame la fe para creer en tus promesas, para nacer del Espíritu y vivir según Dios. Amén.
Reconozco que la transformación profunda de mi vida no proviene de los propios esfuerzos, sino de dejarme moldear por el Espíritu Santo, aceptando ser nacido de lo alto.


