24 de marzo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Cuando levanten en alto al Hijo del hombre, sabrán que “Yo soy”
(Jn 8, 21-30)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

La expresión “Yo soy”, propia del evangelista Juan y atribuida a la persona de Jesús revela su identidad –quién es– colocándolo en una relación profundamente existencial con nosotros, quienes venimos contemplando en esta quinta semana de Cuaresma un camino que nos ha ido preparando a la celebración del misterio pascual. Jesús es, por consiguiente, la plenitud de la manifestación del Padre, quien le ha enviado con una misión específica: revelar su amor para que crean en Él haciendo la voluntad de Dios; de ahí, la conclusión del Evangelio de hoy: “muchos creyeron el Él”. En el diálogo se hace evidente la forma como Jesús hace un preanuncio del lugar que le espera como Hijo del Padre y a nosotros. Ir adonde Jesús se dirige no es posible si lo observamos desde una mentalidad humana, pero estamos llamados a experimentar el gozo del misterio en nuestra vida misma para poder desear estar donde Jesús está, porque esa es nuestra fe, aquella fe que profesamos y creemos. La forma en que Jesús presenta el camino hacia su Padre, la manifestación en la glorificación de ser Hijo no es acogida, de ahí, la pregunta por la identidad: ¿Quién eres tú? A esto, viene la afirmación de la certeza más clara de Jesús: “Yo soy”, sintiéndose el Hijo del Padre de quien procede con veracidad. Así como el pueblo de Israel reconoció la acción de Dios cuando fue levantada la serpiente en el desierto, asimismo Jesús ha vencido la serpiente del pecado y con su muerte sana nuestras heridas, devolviéndonos al amor genuino del Padre. Nuestra vida únicamente tiene sentido cuando se ve orientada a cumplir la voluntad de Dios. Pero este cumplimiento de la voluntad de Dios no puede ser servil, sino que debe imitar el ejemplo de Jesús, de un hijo que busca agradar a su padre en todo.

Reflexionemos:

¿Cuál experiencia hago en mi camino de vida cristiana? ¿La imagen del estandarte de la serpiente colocado en el desierto representa un signo de curación externa o la contemplación de la pasión y muerte de Jesús en la cruz como signo de salvación que ilumina mi existencia y mi vida?

Oremos:

Señor Jesús, deseo vivir el misterio de la cruz en mi existencia, pero no siempre tengo la fe suficiente para abandonarme en este camino que exige la vida misma. Ayúdame a reconocerte como mi Dios y Señor y a seguirte con alegría. Amén.

Actuemos:

¿Contemplo la cruz desde lo externo o la acojo en mi corazón como un designio de amor en el cual se manifiesta la voluntad de Dios?

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