
Pasando por la orilla del lago Jesús vio a Leví sentado en el despacho de impuestos, lo miró con amor y después de mirarlo le dijo: “sígueme”; inmediatamente Mateo dejó atrás el banco de impuestos, el dinero, su condición de publicano y se fue con Jesús. La mirada amorosa del Señor no solo le dio el valor para dejarlo todo, sino que le ayudó a encontrar el verdadero sentido de su vida. Antes se dedicaba a recaudar de los demás los intereses para poder vivir cómodamente, ahora siguiendo a Jesús solo piensa en ayudar y servir a los otros, y es tan feliz que celebra con sus amigos un banquete, para expresar esta alegría. La mirada amorosa de Jesús lo hizo pasar de una vida centrada en sus intereses de lucro y bienestar, a una existencia que experimenta el gozo inmenso de la entrega y del servicio. El amor de Jesús, su mirada y el estar con Él, nos sana de todas nuestras avaricias y miopías, y nos lleva más allá de nosotros mismos, para buscar solo aquello que Dios quiere de nosotros y el bien de los demás.
¿He sentido alguna vez la mirada amorosa de Jesús? Sintiéndome atraído por Él ¿he seguido con generosidad aquello que Él me propone? ¿Qué siento que el Señor me pide hoy?
Gracias Jesús, por dejarnos ver que la plenitud de nuestra vida no está en el lucro y en las ganancias, sino en la entrega y el servicio a los demás. Haz que sepamos escuchar tu voz. Amén.
Quiero acoger la mirada y los llamados de Jesús cuando medito su Palabra y siento su voz en el fondo de mi corazón.
Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Mateo se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos…
“Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira” (Papa Francisco).


