
María, sale a prisa de Galilea y va hasta Judea. Recorre un camino largo, fatigoso, pero sale a visitar a su prima Isabel, quien en su edad avanzada estaba ya en el sexto mes de embarazo, porque nada es imposible para Dios. Ya antes tenemos el ejemplo de María mujer creyente, que acogió el mensaje del ángel, quien le anunció que había hallado gracia ante Dios, y que concebiría un hijo al que pondría por nombre de Jesús. Al llegar a la casa de su prima Isabel hay aspectos que debemos tener muy presentes. La alegría de su prima, el reconocer a María, como la madre de su Señor, y que, al escuchar el saludo, sintió que su criatura salto de alegría en su vientre. “Dichosa tú que has creído” dice Isabel a María, porque ella ha vivido en carne propia, la dura experiencia, de que su esposo Zacarías al recibir el anuncio del ángel, no creyera, y quedara mudo. Este encuentro de María e Isabel, nos muestran la acción de Dios en gente sencilla. Y la alegría de creer.
¿Sabemos ver en nuestra madre María, ese modelo de mujer creyente que sabe salir a prisa a ayudar a quien la necesita?
Señor, Jesús, como María yo también quiero acogerte en mi vida y hacer de mi corazón tu dulce morada. Ayúdame a ponerme en camino para dejar atrás cada una de las actitudes que me cierran en mi comodidad y no me permiten ser más generoso y servicial. Amén.
La vida y ejemplo de María, nos ayuda a cultivar la fe, que es confianza plena en Dios. Estamos en sus manos y esta experiencia nos ayudará a ser personas, humildes, sencillas, capaces de contagiar a los demás: esperanza, consuelo y alegría.


