
Los discípulos, impresionados por la belleza del templo, escuchan de Jesús una afirmación desconcertante: “No quedará piedra sobre piedra que no sea destruida”. Jesús les invita a no aferrarse a las seguridades materiales ni a dejarse arrastrar por el miedo ante crisis, guerras o desastres. Su mensaje es claro: La historia es frágil y cambiante, pero Dios es eterno y fiel. No se dejen engañar por quienes prometen salvación fácil o anuncian falsos fines del mundo. Mantengan la fe firme, porque, en medio de cualquier caos, su presencia es certeza y paz. Este texto no es solo anuncio de catástrofes; es una llamada a vivir con confianza y esperanza, sabiendo que la verdadera seguridad está en Cristo, no en las estructuras humanas. Recordemos que Jesús nos pide: Soltar seguridades falsas: No aferrarse a lo material, al éxito o a la apariencia. Vivir en vigilancia activa: Estar atentos a Dios en los signos de cada día, sin caer en alarmismos. Cultivar la confianza: Recordar que Cristo está presente en medio de cualquier tormenta de la vida. Ser voz de esperanza: Animar a quienes viven con miedo o confusión, recordándoles que Dios tiene la última palabra.
¿En qué cosas pongo mi seguridad que no son eternas? ¿Me dejo invadir por el miedo ante las crisis, o confío en la fidelidad de Dios? ¿Cómo puedo mantenerme vigilante y fiel en medio de la incertidumbre? ¿Sé discernir la voz de Jesús entre tantas voces que confunden?
Jesús Maestro Camino, Verdad y Vida enséñame a no poner mi confianza en lo que pasa y se destruye, sino en tu amor que nunca falla. Que, en medio de los cambios y las pruebas, sepa mantener la calma y la fe, y que mi vida sea siempre un signo de esperanza para quienes temen y se sienten perdidos. Amén.


