
Nos encontramos ante el sermón de Jesús, que el evangelista Lucas, no lo sitúa en la montaña, sino en la llanura; este detalle nos permite imaginar a Jesús en medio de la gente, ante la que proclama 4 Bienaventuranzas y seguidamente 4 lamentaciones. las cuatro bienaventuranzas se dirigen a personas con realidades muy duras y concretas: Pobreza, hambre, llanto, persecución. Una de las consecuencias de la pobreza, es la injusticia no pocas veces institucionalizada, que genera, hambre, llanto, fruto del dolor y sufrimiento ante una situación dura y difícil, que crece cada día más; persecución… Y Jesús no quiere esto. Esta pobreza debe desaparecer con el advenimiento del Reino de Dios. Las cuatro lamentaciones, proclamadas por Jesús a continuación, nos ayudan a entender el rechazo de Jesús ante las personas satisfechas con actitudes de injusticia, acaparamiento, insolidaridad e indiferencia con los que sufren.
Jesús es directo y claro en su proclamación de las Bienaventuranzas y Ayes o lamentaciones. Él no es compatible, con la globalización de la avaricia, la pobreza, el hambre, el llanto, y la persecución, que es fruto de la injusticia. Él defiende a los pobres. Preguntémonos: El ser cristianos nos compromete a conocer y amar cada vez más a Jesús, y el conocerle a través de la lectura de los evangelios. ¿Le pedimos a él, que nos ayude a estar con los ojos y manos abiertas para dar una mano al prójimo?
Señor Jesús, enséñame a poner mi confianza en Dios y no en las riquezas del mundo. Dame un corazón humilde para llevar paz en el sufrimiento, hambre de tu justicia y la alegría de saber que mi recompensa final está segura en el cielo. Amén.
Es necesario vivir los valores del Reino de Dios, que chocan con los del mundo.
Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!” (Lc 6, 20).
Dios defiende a los marginados y sacia a los que sufren, mientras cuestiona la falsa seguridad de las riquezas terrenales.


