09 de septiembre

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Bienaventurados los pobres. Ay de ustedes, los ricos”
(Lc 6,20-26)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Nos encontramos ante el sermón de Jesús, que el evangelista Lucas, no lo sitúa en la montaña, sino en la llanura; este detalle nos permite imaginar a Jesús en medio de la gente, ante la que proclama 4 Bienaventuranzas y seguidamente 4 lamentaciones. las cuatro bienaventuranzas se dirigen a personas con realidades muy duras y concretas: Pobreza, hambre, llanto, persecución. Una de las consecuencias de la pobreza, es la injusticia no pocas veces institucionalizada, que genera, hambre, llanto, fruto del dolor y sufrimiento ante una situación dura y difícil, que crece cada día más; persecución… Y Jesús no quiere esto. Esta pobreza debe desaparecer con el advenimiento del Reino de Dios. Las cuatro lamentaciones, proclamadas por Jesús a continuación, nos ayudan a entender el rechazo de Jesús ante las personas satisfechas con actitudes de injusticia, acaparamiento, insolidaridad e indiferencia con los que sufren.

Reflexionemos:

Jesús es directo y claro en su proclamación de las Bienaventuranzas y Ayes o lamentaciones. Él no es compatible, con la globalización de la avaricia, la pobreza, el hambre, el llanto, y la persecución, que es fruto de la injusticia. Él defiende a los pobres. Preguntémonos: El ser cristianos nos compromete a conocer y amar cada vez más a Jesús, y el conocerle a través de la lectura de los evangelios. ¿Le pedimos a él, que nos ayude a estar con los ojos y manos abiertas para dar una mano al prójimo?

Oremos:

Señor Jesús, enséñame a poner mi confianza en Dios y no en las riquezas del mundo. Dame un corazón humilde para llevar paz en el sufrimiento, hambre de tu justicia y la alegría de saber que mi recompensa final está segura en el cielo. Amén.

Actuemos:

Es necesario vivir los valores del Reino de Dios, que chocan con los del mundo.

Recordemos:

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!” (Lc 6, 20).

Profundicemos:

Dios defiende a los marginados y sacia a los que sufren, mientras cuestiona la falsa seguridad de las riquezas terrenales.

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