9 de junio

 

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud” (Mt 5, 17)

 

Después de enseñar a sus discípulos el programa del Reino de los Cielos, a través de las bienaventuranzas y la importancia de ser sal y luz para los demás, Jesús reitera a sus seguidores la importancia de la Ley: “No crean que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Si bien, Jesús propone otra manera de vivirla y ser fieles al proyecto de Dios, no se opone a ella, sino que por el contrario, reconoce su valor: Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley”. La Ley, comprendida desde la Alianza con Dios, cumplió un papel fundamental en el pasado que Jesús resalta e invita a vivir a sus seguidores. Por medio de ella, es posible reconocer la fidelidad de Dios a su pueblo y el gran amor que siempre tuvo hacia él. Amor que está a la base del proyecto del Reino de los Cielos. Pidamos al Señor, en este día, que nos ayude a valorar mucho más nuestras tradiciones, las enseñanzas de nuestros padres y abuelos. Así mismo, las instrucciones que encontramos en el Primer Testamento, que nos llevan a reconocer en Jesús, la plenitud de la realización de la Alianza de Dios con su pueblo.

 

Reflexionemos:

¿Reconocemos en las enseñanzas de Jesús, la realización de la Ley y la Alianza de Dios con su pueblo?, ¿cómo podemos valorar mucho más las tradiciones que recibimos de nuestros antepasados?

 

Oremos:

Gracias, Señor, por revelarnos a través de tus enseñanzas, el sentido pleno de la Alianza que Dios establece con su pueblo. Gracias, por comunicarnos con tu vida, el rostro amoroso y liberador de Dios Padre. Amén.

 

Recordemos:

Jesús es la realización plena de la Alianza que Dios establece con su pueblo desde el Primer Testamento.

 

Actuemos:

Compartamos este día en familia, las tradiciones que recibimos de nuestros padres y recordamos con gratitud y cariño.

 

Profundicemos:

La Eucaristía es una de las grandes tradiciones que recibimos de la primera comunidad cristiana y que nos lleva a renovar cada día la Alianza que Dios establece con su pueblo (Libro: La gran fiesta).

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