
Dando continuidad al discurso de las bienaventuranzas, Jesús se dirige ahora a sus discípulos utilizando dos imágenes que están cargadas de un profundo significado y con las cuales describe la misión que les ha confiado y el testimonio de vida que ello implica: "Ustedes son la sal de la tierra…ustedes son la luz del mundo”. La sal da sabor, gusto y un valor cualitativo a los alimentos, y puesta en la justa medida se transforma en una sola cosa sin desvirtuar su naturaleza; así los discípulos instruidos por la sabiduría del Maestro Divino, están llamados a dar un nuevo sabor al mundo, preservándolo de toda corrupción, evitando que las almas se pierdan por el error o los falsos valores que se difunden en el mundo y permiten que el mensaje de salvación llegue a toda la humanidad por la difusión del Evangelio. La luz como fuente de vida, es la primera obra creada por Dios, que ilumina y da claridad en las tinieblas, indica el sendero por donde debemos transitar, da visibilidad para llegar al conocimiento real de las cosas. Y como dice el salmista nos brinda confianza y seguridad: la Palabra de Dios es luz para nuestros pasos.
La caridad llena todo, y, por amor el Señor nos ha elegido desde el día de nuestro bautismo, sellándonos con la sal y ofreciéndonos su luz como signo de salvación. Preguntémonos: ¿reconozco, agradezco y celebro la memoria del día que, por el bautismo, sellé un pacto de pertenencia a Dios? ¿Soy consciente del compromiso que tengo como cristiano de ser sal y luz entre mis hermanos?
Señor Jesús, tú que habitas en mi corazón, dame fidelidad para que con mis obras y palabras pueda ser siempre testigo de tu amor. Amén.
Evangelizar con mi vida.


