
Este evangelio nos invita a contemplar con asombro las actitudes y palabras de Jesús. Al escuchar a un hombre que cubierto de lepra se postra a sus pies y con total confianza, le dice: “si quieres puedes limpiarme”, Jesús no pudiendo contener su conmoción extiende su mano y lo toca diciendo: “quiero queda limpio”. La palabra compasiva y poderosa de Jesús hace desaparecer al instante la lepra. Y este Maestro admirable que no busca el reconocimiento humano, le ordena que no lo diga a nadie; pero lo envía a presentarse a los sacerdotes, como manda la ley, para que les sirva de testimonio y sea integrado de nuevo a la comunidad. Nos conmueve ver cómo Jesús en su modo de actuar nos revela la compasión y ternura de su corazón. Él quiere ver a toda persona libre y feliz y viviendo en comunión con sus hermanos como manda la Ley de Dios.
¿Qué siento al descubrir los sentimientos y actitudes de Jesús ante una persona necesitada que pone toda su confianza en Él? ¿Me reconozco también yo necesitado del Señor? ¿Acudo a Él con total confianza? ¿Qué siento que hoy me pide en su Palabra?
Buen Jesús, amante de la vida, tú siempre estás buscando nuestro bienestar y felicidad. Ayúdanos a acudir a ti con confianza total, así podrás sanar y recrear nuestra existencia. Amén.
Hoy quiero alimentar mi confianza en Jesús en todo momento de oscuridad y sufrimiento.
“Jesús extendió la mano, le tocó y dijo: 'Quiero, queda limpio.' Y al instante le desapareció la lepra. Le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: 'Vete, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés”.
Jesús no teme tocar al leproso, su presencia sanadora elimina toda barrera y cuando la fe en él, es verdadera, transforma nuestra vida y nos convierte en luz para otros (Anónimo).


