
El Evangelio de hoy muestra cómo Jesús se revela a sus discípulos tras la Resurrección enviándoles a una misión. Los discípulos regresan de Emaús y cuentan lo ocurrido a sus compañeros, y mientras hablan, Jesús resucitado se presenta ante ellos en persona, muestra sus heridas visibles para demostrar que es el mismo crucificado; Él hace gestos concretos como comer delante de ellos mostrando su realidad corporal. Esto nos dice que la fe requiere experiencia directa con el Señor. Él les dice que deben predicar la conversión y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Lucas enfatiza el sentido de la resurrección, reafirmando la identidad de Jesús: Él es el Mesías crucificado, Él ilumina las Escrituras, dándole sentido a la pasión. Igualmente, llama a la misión, invitando a los discípulos a ser testigos de su perdón y su salvación. El texto nos enseña que el encuentro con el Resucitado transforma nuestra comprensión, abriendo nuestro entendimiento a las Sagradas Escrituras y lanzándonos a la acción misionera. Quien se encuentra con el Señor ya no puede permanecer con una fe ensimismada, sino que está llamado a compartirla con otros. Este Evangelio, en síntesis, nos invita a pasar del miedo y la duda a la alegría de la resurrección, reconociendo a Jesús vivo en la comunidad y en la fracción del pan
Cómo creyente en Cristo, ¿siento la urgencia de la misión de ir y comunicar la Buena noticia a todas las criaturas? ¿Reconozco a Jesús Resucitado en la cotidianidad, como los discípulos al “partir el pan”, o necesito pruebas para creer?
Señor Jesús, tú que quieres que tu propuesta de salvación llegue a todos los confines de la tierra, ayúdame a realizar mi misión de discípulo tuyo en la Iglesia. Hazme un testigo fiel de tu resurrección, capaz de anunciar con alegría que el amor ha vencido a la muerte y que la salvación es real. Amén.
Busco y sirvo a Jesús en las personas que sufren o son víctimas de injusticias, reconociendo que Dios se identifica con su dolor.


