
Mateo nos deja claro, que la maternidad de María, no es obra de José, sino del Espíritu Santo. José, hombre bueno, ejemplar, amaba profundamente a María, por eso el conocer que estaba embarazada, le toma por sorpresa y le desconcierta, sabe que, ese hijo no es suyo, sufre ante la gente que murmura, por encima de todo está su amor por María, por eso decide repudiarla en secreto. Pero es el Ángel, quien se le aparece en sueños le revela esta gran verdad: “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: “Miren: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “‘Dios-con-nosotros’”.
El Anuncio del Ángel a José, nos pone ante el nacimiento de Jesús, sus protagonistas: Dios y el Espíritu Santo. Qué maravilla, saber que Dios a través de su Hijo Jesús, puso su morada entre nosotros y eligió una familia, pobre, humilde y sencilla, representada por María y José. Preguntémonos: El misterio de la Encarnación de Jesús, es actual, vino y se quedó entre nosotros. No olvidemos que, en medio de los momentos de dolor, o sufrimiento, jamás estamos solos, porque Jesús habita en nuestra vida y en nuestro corazón.
Señor Dios, quita el miedo de nuestro corazón como lo hiciste con José. Danos la gracia de acoger tu presencia y confesar con fe que Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros que vino a salvarnos. Amén.
El compromiso según Mt 1,18-23 representa un vínculo legal y espiritual inquebrantable que supera las costumbres culturales humanas para someterse a la voluntad de Dios.
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”.
Jesús es el Hijo de Dios encarnado por obra del Espíritu Santo, cuyo propósito central es salvar a la humanidad del pecado.


