
El texto de hoy pone de presente en primer lugar el llamado al seguimiento que Jesús hace a algunos que vienen haciendo camino con Él y aunque en este texto leemos que son doce, lo que está de fondo es la universalidad del llamado hecho a la totalidad de la comunidad, pues el número 12 significa totalidad; en este sentido, podemos afirmar en primer lugar, que la Iglesia, comunidad conformada por hombres y mujeres por el don del bautismo, ha sido convocada para continuar la obra del reino con la autoridad misma de Jesús. El hecho que tengamos los nombres de cada uno de ellos confirma que no somos una masa anónima, sino seguidores, discípulos del Señor con historia y orígenes tan distintos: pescadores, publicanos, zelotes, y hasta un traidor; el Señor les dio autoridad para hacer lo mismo que Él hacía. Los discípulos son llamados y enviados no solo para reproducir las enseñanzas del Maestro, sino también su Espíritu, además, llevar adelante su misma misión que implicará compartir su mismo destino: abrazar la cruz. Cuando nuestra fe se funda en esta certeza, podemos describir el misterio de Dios oculto en medio de tantas realidades. El Señor los envía y a nosotros también nos envía a proclamar el reino de Dios. El mensaje es para todos. Nuestra misión es buscar a quienes en el camino se han separado del redil o se han extraviado en los caminos de la vida.
¿Puedo escuchar el llamado que el Señor me hace hoy y hacia dónde me envía?
Espíritu Santo, tú guías nuestra vida por los senderos del amor que el Señor comunica a la humanidad; haznos dóciles a la escucha de la Palabra que nos llama por nombre propio enviándonos a una única misión: amar para sanar las heridas de la humanidad sufriente, comenzando por quienes hoy, tenemos más cerca. Amén.
Jesús nos llama y nos capacita con autoridad para vencer el mal y el dolor; además, nos envía a rescatar a los vulnerables y a proclamar que el reino de los cielos está cerca.
“Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el reino de los cielos está cerca” (Mt 10, 6-7).
A quien Dios llama, Dios mismo lo capacita. Todo creyente está llamado a ser un instrumento de sanación, esperanza y a proclamar la cercanía de Dios en su entorno cotidiano.


