
Hoy la Palabra presenta el texto de san Lucas como respuesta a la murmuración de los fariseos y los escribas, quienes señalaban a Jesús por relacionarse con publicanos y pecadores. Las parábolas proclamadas por Jesús son un pretexto que provocan la confrontación de los sacerdotes de su tiempo a quienes no importaba la condición de las personas: “acoge a los pecadores y come con ellos”. A través de la parábola el Señor busca hacerles entender a los maestros de la ley cómo la fidelidad a sus rituales y prescripciones está lejos del don misericordioso del Padre. La parábola del hijo prodigo o del padre misericordioso hace ver cómo es posible transitar otros caminos, vivir otras experiencias y volver con mayor conciencia y amor genuino a los brazos del Padre. El hijo mayor permaneciendo junto a él olvidó el gozo del abrazo que significa encuentro y acogida; el hijo menor ha transitado otros caminos que le hicieron experimentar el frío, la soledad, el hambre, la desnudez añorando volver a la casa paterna. En cambio, la presencia del hijo mayor lo había acostumbrado al calor del abrazo y tal vez era insignificante tenerle todos los días; es más, su condición de lealtad lo creía digno de derechos no solo con su Padre sino con quienes estaban a su servicio. No es fácil ser el hijo menor cuando se transitan otros caminos en la vida y tampoco es fácil ser hijo mayor cuando se está siempre ahí, junto al padre, pero donde se pierde la novedad de su presencia cotidiana y aun teniéndolo todo, parece que faltara el calor de su abrazo, el don de su alimento, la gratuidad de su dignidad.
En las más diversas circunstancias de la vida, ¿quién soy?, ¿el hijo menor que se marcha lejos con la herencia de su padre o el hijo mayor que aparentemente permanece fiel pero su corazón permanece distante del auténtico amor?
Señor Jesús, la libertad de mis decisiones y acciones me llevaron como el hijo menor a caminos nunca antes recorridos en los que sentí sed, hambre y lo perdí todo; devuelve sin miedo y sin temor, al amor del Padre. Reconozco que también he sido el hijo mayor, fiel y leal a tu proyecto, pero calculador y observante, como la ley de los escribas y fariseos. Dame tu gracia para saber mantenerme siempre a tu lado. Que no me aleje de tu gracia, porque entonces mi corazón se convertirá en roca, insensible a recibir y corresponder a tu amor. Amén.
Es posible que en el camino de mi vida me encuentre con padres gozos que aman incondicionalmente a sus hijos menores que han decido marcharse o a sus hijos mayores que aman con límite. Busco acompañar a los padres que necesiten que sus hijos vuelvan a Dios.


