07 de marzo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido”
(Lc 15, 1-3. 11-32)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Hoy la Palabra presenta el texto de san Lucas como respuesta a la murmuración de los fariseos y los escribas, quienes señalaban a Jesús por relacionarse con publicanos y pecadores. Las parábolas proclamadas por Jesús son un pretexto que provocan la confrontación de los sacerdotes de su tiempo a quienes no importaba la condición de las personas: “acoge a los pecadores y come con ellos”. A través de la parábola el Señor busca hacerles entender a los maestros de la ley cómo la fidelidad a sus rituales y prescripciones está lejos del don misericordioso del Padre. La parábola del hijo prodigo o del padre misericordioso hace ver cómo es posible transitar otros caminos, vivir otras experiencias y volver con mayor conciencia y amor genuino a los brazos del Padre. El hijo mayor permaneciendo junto a él olvidó el gozo del abrazo que significa encuentro y acogida; el hijo menor ha transitado otros caminos que le hicieron experimentar el frío, la soledad, el hambre, la desnudez añorando volver a la casa paterna. En cambio, la presencia del hijo mayor lo había acostumbrado al calor del abrazo y tal vez era insignificante tenerle todos los días; es más, su condición de lealtad lo creía digno de derechos no solo con su Padre sino con quienes estaban a su servicio. No es fácil ser el hijo menor cuando se transitan otros caminos en la vida y tampoco es fácil ser hijo mayor cuando se está siempre ahí, junto al padre, pero donde se pierde la novedad de su presencia cotidiana y aun teniéndolo todo, parece que faltara el calor de su abrazo, el don de su alimento, la gratuidad de su dignidad.

Reflexionemos:

En las más diversas circunstancias de la vida, ¿quién soy?, ¿el hijo menor que se marcha lejos con la herencia de su padre o el hijo mayor que aparentemente permanece fiel pero su corazón permanece distante del auténtico amor?

Oremos:

Señor Jesús, la libertad de mis decisiones y acciones me llevaron como el hijo menor a caminos nunca antes recorridos en los que sentí sed, hambre y lo perdí todo; devuelve sin miedo y sin temor, al amor del Padre. Reconozco que también he sido el hijo mayor, fiel y leal a tu proyecto, pero calculador y observante, como la ley de los escribas y fariseos. Dame tu gracia para saber mantenerme siempre a tu lado. Que no me aleje de tu gracia, porque entonces mi corazón se convertirá en roca, insensible a recibir y corresponder a tu amor. Amén.

Actuemos:

Es posible que en el camino de mi vida me encuentre con padres gozos que aman incondicionalmente a sus hijos menores que han decido marcharse o a sus hijos mayores que aman con límite. Busco acompañar a los padres que necesiten que sus hijos vuelvan a Dios.

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