07 de febrero

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

"Vengan ustedes solos a un sitio tranquilo a descansar"
(Mc 6,30-34)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Este Evangelio toca una realidad muy actual: el cansancio. Los discípulos llegan agotados después de servir, y Jesús no los presiona ni les exige, los invita a descansar. La primera mirada de Jesús no es sobre el rendimiento, sino sobre el corazón. Él sabe que nadie puede dar lo que no tiene, que el alma desgastada necesita silencio, pausa y retiro. Sin embargo, cuando llegan al lugar apartado descubren que la necesidad los espera de nuevo. Y allí sucede algo hermoso: Jesús no responde desde la prisa, sino desde la compasión. Su mirada transforma la fatiga en oportunidad. No se queja de la gente que interrumpe el descanso; los mira con ternura. Este es el estilo del Buen Pastor: un corazón que no solo ve multitudes, sino rostros y heridas. A veces vivimos corriendo, atrapados en tareas, cargados de responsabilidades, y creemos que Dios solo quiere que trabajemos. Pero antes de enviarnos, Jesús nos reúne; antes de pedirnos, nos cuida; antes de hablar de misión, habla de descanso. Este evangelio nos recuerda que el amor nunca debe nacer del cansancio extremo, sino del encuentro con Él. Solo quien descansa en Jesús puede mirar como Él mira. Y cuando la vida nos vuelve a llenar de exigencias, la compasión será la fuerza que nos sostenga. Jesús conoce tu cansancio, tu entrega silenciosa, tus días largos. Y hoy te dice también a ti: “Ven conmigo… y descansa un poco”. El corazón cansado necesita detenerse para volver a amar. Jesús cuida primero al discípulo antes de enviarlo. El verdadero descanso nace del encuentro con Él. La compasión convierte el cansancio en servicio fecundo. Dios ve nuestra entrega más de lo que vemos nosotros mismos.

Reflexionemos:

¿Qué parte de mi vida necesita el “ven y descansa un poco” de Jesús? ¿Estoy sirviendo desde la compasión o desde el agotamiento? ¿Cuándo fue la última vez que dejé que Jesús me mirara con ternura en mi cansancio?

Oremos:

Señor Jesús, enséñame a descansar en tu presencia. A reconocer que no todo en la vida es prisa y cansancio. A aprender a reservar espacios de paz y de oración para encontrarme contigo y renovar mis fuerzas. Amén.

Recordemos:

"Venid vosotros solos a un lugar desierto a descansar un poco”.

Profundicemos:

El servicio necesita del descanso y la oración para no agotarse.

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Al eco de su voz renace la esperanza

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