
Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano”. Jesús nos sitúa ante tres alternativas concretas para ayudar a un hermano/a, que se ha equivocado. La primera, es tener un encuentro personal y a solas con la persona que se ha equivocado, y decirle con mucha delicadeza en lo que ha fallado y que no está bien; por supuesto que antes de hacer esta corrección fraterna, debemos mirarnos a nosotros mismos, y reconocer con mucha sinceridad también cómo estamos por dentro, para evitar corregir con dureza y sin amor. La segunda alternativa, si no hace caso a este modo de corrección, es hacerle la corrección en medio de dos testigos y si esto no da resultado, se tomará la tercera alternativa, que es corregirle en medio de la comunidad cristiana. Y si tampoco hace caso a la comunidad, no ignorarle, sino ayudarle a que poco a poco cambie su vida, y tener presente cuán importante es la oración de comunidad y el perdón.
La ley del amor nos ayudará siempre, a dar una mano a los hermanos que se han equivocado. Y hemos de cuidarnos de murmurar o difundir a los cuatro vientos los errores cometidos de nuestros hermanos, pues esa es una forma de humillar y matar a nuestro prójimo. Preguntémonos: ¿Somos conscientes de que corregir exige hacerlo con prudencia y respeto, cuidando de no destruir las relaciones personales y comunitarias?
Señor Jesús, danos la gracia de vivir en paz y corrección fraterna con amor. Gracias por tu promesa de que, cuando dos o tres nos reunimos en tu nombre, tú estás ahí en medio de nosotros escuchando y uniendo nuestras peticiones al Padre. Amén.
El cuidado y la restauración de las relaciones comunitarias a través de la corrección fraterna, la reconciliación y la oración en unidad.
“Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos (Mt 18, 20).
Vivamos el camino de la corrección fraterna y la reconciliación comunitaria.


