5 de marzo

 

Dios les va a quitar su Reino para confiárselo a un pueblo que produzca frutos” (Mt 21, 43)

 

En nuestra vida en muchas ocasiones vivimos fuertes confrontaciones con los otros por nuestra manera de ser y pensar. Confrontaciones que también experimentó Jesús en su anuncio del Reino, especialmente con las autoridades religiosas de su tiempo como los sumos sacerdotes, los ancianos y los fariseos. Grupos que Jesús representa en la actitud de los cultivadores de la parábola de este día, para denotar la dureza de su corazón y su cerrazón de mente, ante el anuncio de los profetas y su propia predicación. Actitud que hace que el anuncio del Reino deje de ser un privilegio del pueblo judío que dichas autoridades representan, para pasar a otro, que si acoja y fructifique su mensaje. Pidamos al Señor, que nos ayude en este tiempo de cuaresma, a abrir nuestra mente y nuestro corazón a sus enseñanzas. A no cerrarnos en nuestros propios intereses o egoísmos como las autoridades religiosas de Jerusalén sino a aprender a dialogar con los de aquellos que compartimos a diario nuestra vida. Que aprendamos a ser personas abiertas, capaces de dialogar con las enseñanzas del evangelio y con las ideas de los demás.

 

Actitud: Apertura.

 

Reflexionemos:

¿Somos personas abiertas y tolerantes con los demás?, ¿cómo acogemos en nuestra vida las enseñanzas del evangelio?

 

Oremos:

Danos, Señor, la capacidad de aprender a escuchar con apertura y docilidad tus enseñanzas. A ser personas receptivas, tolerantes, abiertas al diálogo y a la novedad que tu mensaje representa. Así mismo, a las ideas de quienes están a nuestro lado. Amén.

 

Recordemos:

La apertura nos ayuda a dejarnos sorprender por la novedad del Evangelio y de las situaciones que la vida a diario nos presenta.

 

Actuemos:

Abramos nuestro corazón en este día a las necesidades de nuestros seres queridos y seamos abiertos y solidarios para salir a su encuentro.

 

Profundicemos:

Muchas veces necesitamos cultivar al interior de nuestra familia espacios de diálogo que nos lleve a reconocer las realidades que vivimos y abrirnos a ellas. La oración propicia este espacio además de ayudarnos a fortalecer los lazos que nos unen (Libro: El ovillo enredado).

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