
El capítulo 11 de Mateo nos lleva hacia el misterio del reino de los cielos, ósea, hacia la clave para comprender por dónde el Señor va señalando el camino que conduce al seguimiento y lo que implica asumir el proyecto del Padre. El texto de hoy se sitúa después que Jesús hace un fuerte reclamo a las ciudades en las que se han mostrado los signos de la presencia de Dios; pero estas ciudades de corazón duro, obstinado y soberbio, no le reconocen. En este contexto Jesús dirige su oración al Padre que es de alabanza y acción de gracias porque son los pequeños como Él, quienes se abren y confían al don de Dios. En este sentido, la principal característica de los auténticos seguidores de Jesús es la pequeñez como clave de discernimiento. La pequeñez nos posibilita dejar a Dios ser Dios en nuestra vida sin pretender entenderlo todo; pues el verdadero peligro está en creer que podemos saberlo todo y manipular a Dios. Esta vivencia de la pequeñez evangélica nos recuerda que el Padre confía en nosotros y nos regala como don, a través de su Hijo Jesús, la exclusividad de su rostro concreto en los signos del reino en lo cotidiano de la vida. “Nadie conoce al Padre, sino el Hijo y Aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer”. Por eso su yugo, imagen de la Torá en los rabinos es suave, y su carga, ligera. Así, la invitación para ir hacia Él y descansar nos recuerda que acoger su Palabra con humildad y sencillez de corazón es potenciar lo mejor de la persona como experiencia que nos abre a la fecundidad de la vida.
¿Me abandono en la presencia de Jesús y lo acojo desde la pequeñez de la vida?
Espíritu Santo, tú eres portador de vida nueva, renovada desde lo profundo y que se encuentra en la acogida serena y fecunda de la Palabra; ven y revélanos el misterio del amor que en el Padre tú nos comunicas en abundancia. Amén.
Vayamos hacia Jesús para encontrar el descanso que tanto necesitamos y dejemos que aligere nuestros cansancios, abatimientos, y todo aquello que no colma nuestras ansias más profundas, pero que solo con Jesús es posible encontrar.
“Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas” (Mt 11, 29).
En Jesús encontramos descanso espiritual y paz interior a través de la sencillez, la humildad y la confianza en Dios Padre.


