
Jesús llama a los Doce y los envía de dos en dos, confiando en ellos más de lo que ellos mismos confían en sí. No los carga de cosas, porque quiere que aprendan a depender de Dios y no de seguridades humanas. Les pide salir ligeros, con el corazón libre y la fe despierta. Así también hoy nos envía a nosotros, en medio de nuestras familias, comunidades y realidades concretas. Nos envía tal como somos, con fragilidades, pero con una palabra que sana y levanta. El bastón es la fe que sostiene el camino, y la sandalia la disponibilidad para caminar. Jesús nos recuerda que no siempre seremos acogidos, y eso no debe apagar nuestra esperanza. Sacudir el polvo es no cargar rencores ni frustraciones en el corazón. El anuncio del Reino comienza con la conversión, empezando por la propia vida. Ungir con aceite es acercarse al dolor del otro con ternura y compasión. Dios sigue obrando a través de manos sencillas y corazones disponibles. Esta palabra nos invita a salir de la comodidad y confiar más en Él. Hoy el Señor nos envía: ¿estamos dispuestos a caminar con lo esencial? Dios actúa más cuando soltamos nuestras seguridades. La misión se vive mejor en comunidad que en soledad. El rechazo no detiene a quien sabe de quién viene su envío. La pobreza evangélica abre camino a milagros que la riqueza no permite. El que se pone en camino con Jesús lleva la fuerza del Reino en sus manos.
¿Qué seguridad humana me está impidiendo caminar más libremente con Jesús? ¿A qué misión concreta me está enviando hoy el Señor? ¿Cómo puedo anunciar a Cristo con más sencillez y más confianza?
Padre bueno, ayúdame a confiar más en tu providencia, a desprenderme de todo aquello que me ata a personas, comodidades, posiciones, lugares, para aprender a caminar solo con aquello que es realmente esencial. Amén.
"Vayan de dos en dos"
El testigo de Jesús viaja ligero para que brille el mensaje, no él.


