
Hemos escuchado cómo cuando Jesús se enteró de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea y estableció su residencia en Cafarnaúm que estaba habitada por judíos y paganos. Es hermoso ver cómo Jesús comienza a predicar cuando ya Juan ha terminado su misión, como quien está esperando la indicación de Dios para actuar según su voluntad. Desde Cafarnaúm, Jesús recorre los pueblos de Galilea anunciando a todos la llegada del Reino de Dios, mientras expulsa demonios y sana toda enfermedad y dolencia. Su modo de vivir como hijo de Dios y como hermano, en la compasión, la misericordia y la ternura, nos llama a todos a la conversión, esa que nos libera de intereses egoístas y abre nuestro corazón a todos para construir juntos el reinado de Dios en este mundo. La presencia de Jesús hace florecer la vida y despierta la esperanza en quienes se sienten más necesitados. Por eso Mateo nos deja ver cómo en la Galilea de los gentiles, aquellos pueblos que habitaban en sombras de muerte, vieron billar una gran luz y grandes multitudes lo seguían.
¿Siento que en mi vida ha brillado y sigue brillando la luz que Jesús ha traído a este mundo? ¿Confronto mi vida con el modo de vivir de Jesús? ¿Vivo en una continua conversión?
Gracias, Padre Dios, por el don incomparable de tu Hijo que se hizo como nosotros, para que todos llegáramos a ser hijos tuyos. Danos tu Santo Espíritu para que podamos vivir como Jesús nos ha enseñado. Amén.
Todos los días quiero leer una página de los evangelios para conocer mejor a Jesús y aprender a vivir y a amar como Él.
“A los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.”
Se dice que cuando la noche es más oscura, más brillan las estrellas. Podríamos decir también que cuando más oscuro es nuestro peregrinar por este mundo, más brilla la luz de Cristo en nuestros corazones. Cuando más solos nos sentimos es cuando Cristo está más cerca de nosotros. No permitamos que la ceguera de nuestro egoísmo entenebrezca la luz de Cristo en nuestros corazones (Papa Francisco).


